miércoles, 13 de abril de 2011

08.Fiesta de pitos, toros y te

Este pasado 12 de octubre, día de la hispanidad, la raza, o lo que sea, el Rey se enfadó. Se enfadó porque pitaron a Zapatero durante el desfile militar que conmemora una fecha tan señalada, desluciendo algunos de los actos de gran valor simbólico que se llevan a cabo, a paso marcial, ante las autoridades más altas del país. Él, el Rey, jefe del estado y comandante en jefe de los tres ejércitos, y el gobierno, entre otros. Estos últimos también se enfadaron. Se enfadaron los miembros del gobierno, las cúpulas del PSOE, quienes sospechan que el PP está detrás, y delante diría yo, de los pitos, y la ministra de defensa, claro. La ministra decidió pocos días después, tomar cartas en el asunto y proponer un nuevo protocolo para el desfile que destierre estos comportamientos.
Chacón actúa imbuida sin duda por el espíritu del gobierno de la Generalitat catalana, el tripartit, tan progresista, cuyos dirigentes acudieron, un mes y un día antes que Juan Carlos y Jose Luís a su celebración patriótica, a un monumento alejado de la gente de a pie. ¿O era la gente la que fue alejada del monumento? El público habitual que asiste a la entrega floral al monumento a Rafael de Casanovas, el insigne defensor de Barcelona durante el sitio de 1714, tradicional cada 11 de septiembre en Catalunya, fueron apartados de las autoridades y personalidades por la policía autonómica, que cortó la calle a cada lado de la estatua. La causa de esta novedad, claro, los pitos que vienen formando parte de la tradición desde hace algún tiempo, y que no son del gusto de los organizadores.
No parece que Chacón vaya a ponerse de acuerdo con la oposición, o sea el PP, para crear este nuevo protocolo, puesto que al contrario que en Catalunya, son ellos, la derecha reaccionaria y cavernícola, los que pitan, y no los pitados. Son ellos quienes no toleran que lo que consideran un rojo peligroso les arruine con su presencia un acontecimiento de tanta carga simbólica, y pitan y pitan aun a costa de soliviantar a una figura tan importante, y tan afín, como el Rey.
Ante los símbolos al fin y al cabo, hay que ser pragmático y utilizarlos a conveniencia. Más hoy en día. Cuando desaparece el estado del bienestar, si es que existió realmente, y por tanto también el bienestar derivado de las políticas sociales de los estados, y cuando la izquierda no parece capaz de articular una alternativa a las políticas que propician estas desapariciones, cuando la historia ha terminado y las ideologías han muerto, los valores abstractos, o espirituales, que pueden configurar el imaginario simbólico de un colectivo, adquieren especial relevancia.
Religión, identidad y patria. Del islamismo radical al fundamentalismo cristiano, de La Roja a los Toros. Estos últimos se encuentran a partir de ahora bajo el patrocinio y la protección del Ministerio de Cultura, porque no importa que los ciudadanos perezcan bajo el peso del paro y la precariedad, debe quedar intacto, por encima de todo, su sentir patriótico, ese placer que proporciona el saberse parte de una gran nación libre e indivisible. Placer, fuerza, satisfacción, orgullo. ¿Para qué queremos más?
Esperanza Aguirre se proclama ahora simpatizante de la extrema derecha que está revolucionando, si me permitís la palabra, el Partido Republicano de Estados Unidos, la que quiere derrocar al presidente negro y proclama, alrededor de un servicio de te tipo Lladró, el santo principio que Aguirre comparte: menos estado, más nación americana. Menos estado, más nación española. Menos educación y sanidad para los ciudadanos, más toros y más fútbol.
Decía recientemente un banquero que para superar la crisis los trabajadores deben ser más competitivos, sea lo que sea lo que tengan que hacer para conseguirlo. Si hay que trabajar i estudiar a la vez, o si hay que trabajar más horas por el mismo precio, pues eso habrá que hacer. La conclusión es que más nos vale alimentar nuestro espíritu, con toros, fútbol o desfiles, porque nuestro cuerpo va a estar cada vez más desnutrido. O lo que es lo mismo, oír hablar a la derecha de valores abstractos y espirituales pone los pelos de punta, pero cuando hablan de cosas terrenales que afectan a nuestra vida cotidiana, dan ganas de salir corriendo. No corriendo como nuestros burócratas sindicales que andan a paso de ganso, sino como los franceses, nuestros amables vecinos, que nos siguen dando lecciones desde 1871.
publicado en La Hiedra del mes de noviembre de 2010

No hay comentarios:

10.¿La última palabra?

En una tira cómica de prensa diaria, cuatro viñetas: la primera muestra un joven griego sujetando una pancarta en griego enfrentándose a un ...