Este pasado 12 de octubre, día de la hispanidad, la raza, o lo que sea, el Rey se enfadó. Se enfadó porque pitaron a Zapatero durante el desfile militar que conmemora una fecha tan señalada, desluciendo algunos de los actos de gran valor simbólico que se llevan a cabo, a paso marcial, ante las autoridades más altas del país. Él, el Rey, jefe del estado y comandante en jefe de los tres ejércitos, y el gobierno, entre otros. Estos últimos también se enfadaron. Se enfadaron los miembros del gobierno, las cúpulas del PSOE, quienes sospechan que el PP está detrás, y delante diría yo, de los pitos, y la ministra de defensa, claro. La ministra decidió pocos días después, tomar cartas en el asunto y proponer un nuevo protocolo para el desfile que destierre estos comportamientos.
Chacón actúa imbuida sin duda por el espíritu del gobierno de la Generalitat catalana, el tripartit, tan progresista, cuyos dirigentes acudieron, un mes y un día antes que Juan Carlos y Jose Luís a su celebración patriótica, a un monumento alejado de la gente de a pie. ¿O era la gente la que fue alejada del monumento? El público habitual que asiste a la entrega floral al monumento a Rafael de Casanovas, el insigne defensor de Barcelona durante el sitio de 1714, tradicional cada 11 de septiembre en Catalunya, fueron apartados de las autoridades y personalidades por la policía autonómica, que cortó la calle a cada lado de la estatua. La causa de esta novedad, claro, los pitos que vienen formando parte de la tradición desde hace algún tiempo, y que no son del gusto de los organizadores.
No parece que Chacón vaya a ponerse de acuerdo con la oposición, o sea el PP, para crear este nuevo protocolo, puesto que al contrario que en Catalunya, son ellos, la derecha reaccionaria y cavernícola, los que pitan, y no los pitados. Son ellos quienes no toleran que lo que consideran un rojo peligroso les arruine con su presencia un acontecimiento de tanta carga simbólica, y pitan y pitan aun a costa de soliviantar a una figura tan importante, y tan afín, como el Rey.
Ante los símbolos al fin y al cabo, hay que ser pragmático y utilizarlos a conveniencia. Más hoy en día. Cuando desaparece el estado del bienestar, si es que existió realmente, y por tanto también el bienestar derivado de las políticas sociales de los estados, y cuando la izquierda no parece capaz de articular una alternativa a las políticas que propician estas desapariciones, cuando la historia ha terminado y las ideologías han muerto, los valores abstractos, o espirituales, que pueden configurar el imaginario simbólico de un colectivo, adquieren especial relevancia.
Religión, identidad y patria. Del islamismo radical al fundamentalismo cristiano, de La Roja a los Toros. Estos últimos se encuentran a partir de ahora bajo el patrocinio y la protección del Ministerio de Cultura, porque no importa que los ciudadanos perezcan bajo el peso del paro y la precariedad, debe quedar intacto, por encima de todo, su sentir patriótico, ese placer que proporciona el saberse parte de una gran nación libre e indivisible. Placer, fuerza, satisfacción, orgullo. ¿Para qué queremos más?
Esperanza Aguirre se proclama ahora simpatizante de la extrema derecha que está revolucionando, si me permitís la palabra, el Partido Republicano de Estados Unidos, la que quiere derrocar al presidente negro y proclama, alrededor de un servicio de te tipo Lladró, el santo principio que Aguirre comparte: menos estado, más nación americana. Menos estado, más nación española. Menos educación y sanidad para los ciudadanos, más toros y más fútbol.
Decía recientemente un banquero que para superar la crisis los trabajadores deben ser más competitivos, sea lo que sea lo que tengan que hacer para conseguirlo. Si hay que trabajar i estudiar a la vez, o si hay que trabajar más horas por el mismo precio, pues eso habrá que hacer. La conclusión es que más nos vale alimentar nuestro espíritu, con toros, fútbol o desfiles, porque nuestro cuerpo va a estar cada vez más desnutrido. O lo que es lo mismo, oír hablar a la derecha de valores abstractos y espirituales pone los pelos de punta, pero cuando hablan de cosas terrenales que afectan a nuestra vida cotidiana, dan ganas de salir corriendo. No corriendo como nuestros burócratas sindicales que andan a paso de ganso, sino como los franceses, nuestros amables vecinos, que nos siguen dando lecciones desde 1871.
publicado en La Hiedra del mes de noviembre de 2010
miércoles, 13 de abril de 2011
07.Haciéndole el juego a la derecha
Sí, es cierto. La vida te pone a veces en situaciones contradictorias, casi absurdas. Las cosas a menudo no son lo que parecen, porque si lo fueran podríamos creer que habitamos una realidad desquiciada, fuera de sí misma. Esta cosa llamada ‘sindicalismo’ se presta más aún a lo resbaladizo.
Era un lunes a principios de septiembre. En un primer vistazo veo a Pilar Bardem, a Adriana Ozores y a Guillermo Toledo junto a otras caras conocidas. Ellos me miran desde la platea de un teatro y yo estoy sobre el escenario. El mundo al revés, como en un sueño. Pero no estoy solo. Me acompañan representantes de organizaciones de actores, de músicos, de directores de escena y de grupos y salas alternativas de teatro. Yo represento al sindicato de técnicos del cine y del audiovisual. El acto: una asamblea convocada para articular la participación conjunta de todos los trabajadores y trabajadoras del espectáculo y el audiovisual en la Huelga General del 29 de septiembre.
Esa asamblea fue el primer paso. Luego nos organizamos para hablar con todos los teatros y todos los rodajes de series y películas. Obtuvimos tres respuestas diferentes: había quienes secundarían la huelga, había quienes estaban desinformados o tenían miedo a las represalias y había quienes se negaban a parar porque, decían, esta huelga le hace el juego a la derecha.
Es sorprendente de entrada este argumento, más allá de especular sobre los movimientos en las tendencias de voto del electorado y el posible desgaste del gobierno social¬ liberal de Zapatero. Cabe pensar que la derecha no es lo que era y, por tanto, tampoco la izquierda es lo que se supone que debe ser. ¿Esquiroles contra la derecha? Corren malos tiempos, y va a hacer falta más que una huelga como la del 29, fuera cual fuera su incidencia, para aclararnos un poco. Porque no solo nos encontramos con quienes, curiosamente, odian a la derecha pero no a las políticas de derechas, sino también con quienes odian a los sindicatos mayoritarios incluso cuando se comportan como deben comportarse. Menudo galimatías.
¿Y la clase trabajadora? La clase trabajadora en el ojo del huracán de la crisis, recibiendo palos y más palos sin saber de dónde le vienen. Eso sí es como siempre ha sido. Y Díaz Ferrán de rositas, por poner un ejemplo de escándalo.
El otro día volví a ver la película El nombre de la Rosa, donde se escenifica el enfrentamiento entre un racionalismo incipiente y el oscurantismo del brazo inquisitorial del pensamiento escolástico. Escolástica es esa forma de pensamiento propia de la Edad Media en la que los dogmas de fe se daban por ciertos como principio de cualquier razonamiento posterior, sometiendo el conocimiento a un encierro forzoso en una tétrica mazmorra. “No existe el progreso, solo una permanente recapitulación”, clama un viejo monje desde el púlpito.
Tengo la sensación de que la modernidad se ha convertido en una especie de Nueva Edad Media hipertecnológica, donde la escolástica vuelve a ser el sistema de pensamiento hegemónico. Uno es de izquierdas por tradición, o por inercia, como el que es seguidor de uno de los equipos de la ciudad y no del otro, y no importan razones o razonamientos. PSOE o PP, PP o PSOE.
Pero es sin duda Zapatero quien le está haciendo el juego a la derecha, escandalizada en su prensa por el hecho de que los sindicatos coleen aun, después de haber gobernado ellos 8 años. No el juego; el trabajo sucio, que es peor, y el que entienda el ser de izquierdas como un compromiso real con el proyecto de la ilustración, la razón frente al oscurantismo, no puede comulgar con ruedas de molino. La DERECHA, en mayúsculas, se nos viene encima. El FMI y la UE, la banca, la patronal y el PP, vienen a abrir la lata del Estado del Bienestar europeo para saquear lo poco que queda dentro, y su abrelatas se llama Partido Socialista Obrero Español. Todo eso se nos viene encima, así que la huelga del 29-S no le ha hecho el juego a la derecha; la reforma laboral de Zapatero, sí. ¿Le hemos hecho el juego a unos sindicatos podridos? El tiempo lo dirá. En todo caso, el partido había que jugarlo, con la convicción de futuros lances por venir.
Y, por cierto, me encanta el final de El nombre de la Rosa. Los campesinos depauperados por el diezmo toman el monasterio al asalto y corren a pedradas al inquisidor. Eso sí es irrumpir en el escenario de la historia. Una huelga general de un día no es eso, claro, pero todo llegará. Todo llegará...
publicado en La Hiedra del mes de octubre de 2010
Era un lunes a principios de septiembre. En un primer vistazo veo a Pilar Bardem, a Adriana Ozores y a Guillermo Toledo junto a otras caras conocidas. Ellos me miran desde la platea de un teatro y yo estoy sobre el escenario. El mundo al revés, como en un sueño. Pero no estoy solo. Me acompañan representantes de organizaciones de actores, de músicos, de directores de escena y de grupos y salas alternativas de teatro. Yo represento al sindicato de técnicos del cine y del audiovisual. El acto: una asamblea convocada para articular la participación conjunta de todos los trabajadores y trabajadoras del espectáculo y el audiovisual en la Huelga General del 29 de septiembre.
Esa asamblea fue el primer paso. Luego nos organizamos para hablar con todos los teatros y todos los rodajes de series y películas. Obtuvimos tres respuestas diferentes: había quienes secundarían la huelga, había quienes estaban desinformados o tenían miedo a las represalias y había quienes se negaban a parar porque, decían, esta huelga le hace el juego a la derecha.
Es sorprendente de entrada este argumento, más allá de especular sobre los movimientos en las tendencias de voto del electorado y el posible desgaste del gobierno social¬ liberal de Zapatero. Cabe pensar que la derecha no es lo que era y, por tanto, tampoco la izquierda es lo que se supone que debe ser. ¿Esquiroles contra la derecha? Corren malos tiempos, y va a hacer falta más que una huelga como la del 29, fuera cual fuera su incidencia, para aclararnos un poco. Porque no solo nos encontramos con quienes, curiosamente, odian a la derecha pero no a las políticas de derechas, sino también con quienes odian a los sindicatos mayoritarios incluso cuando se comportan como deben comportarse. Menudo galimatías.
¿Y la clase trabajadora? La clase trabajadora en el ojo del huracán de la crisis, recibiendo palos y más palos sin saber de dónde le vienen. Eso sí es como siempre ha sido. Y Díaz Ferrán de rositas, por poner un ejemplo de escándalo.
El otro día volví a ver la película El nombre de la Rosa, donde se escenifica el enfrentamiento entre un racionalismo incipiente y el oscurantismo del brazo inquisitorial del pensamiento escolástico. Escolástica es esa forma de pensamiento propia de la Edad Media en la que los dogmas de fe se daban por ciertos como principio de cualquier razonamiento posterior, sometiendo el conocimiento a un encierro forzoso en una tétrica mazmorra. “No existe el progreso, solo una permanente recapitulación”, clama un viejo monje desde el púlpito.
Tengo la sensación de que la modernidad se ha convertido en una especie de Nueva Edad Media hipertecnológica, donde la escolástica vuelve a ser el sistema de pensamiento hegemónico. Uno es de izquierdas por tradición, o por inercia, como el que es seguidor de uno de los equipos de la ciudad y no del otro, y no importan razones o razonamientos. PSOE o PP, PP o PSOE.
Pero es sin duda Zapatero quien le está haciendo el juego a la derecha, escandalizada en su prensa por el hecho de que los sindicatos coleen aun, después de haber gobernado ellos 8 años. No el juego; el trabajo sucio, que es peor, y el que entienda el ser de izquierdas como un compromiso real con el proyecto de la ilustración, la razón frente al oscurantismo, no puede comulgar con ruedas de molino. La DERECHA, en mayúsculas, se nos viene encima. El FMI y la UE, la banca, la patronal y el PP, vienen a abrir la lata del Estado del Bienestar europeo para saquear lo poco que queda dentro, y su abrelatas se llama Partido Socialista Obrero Español. Todo eso se nos viene encima, así que la huelga del 29-S no le ha hecho el juego a la derecha; la reforma laboral de Zapatero, sí. ¿Le hemos hecho el juego a unos sindicatos podridos? El tiempo lo dirá. En todo caso, el partido había que jugarlo, con la convicción de futuros lances por venir.
Y, por cierto, me encanta el final de El nombre de la Rosa. Los campesinos depauperados por el diezmo toman el monasterio al asalto y corren a pedradas al inquisidor. Eso sí es irrumpir en el escenario de la historia. Una huelga general de un día no es eso, claro, pero todo llegará. Todo llegará...
publicado en La Hiedra del mes de octubre de 2010
06.El beso de Iker y Sara
El curso pasado se cerró con la victoria de la selección española de fútbol en el mundial de Sudáfrica. Una ola de fervor patriótico inundó las calles de pueblos y ciudades. Los balcones se llenaron de banderas, y los defensores de la patria única e indivisible teorizaron sobre el peso real y simbólico de la victoria. “Es una muestra de lo que la unidad puede lograr, ante aquellos que pregonan el nefasto y destructivo separatismo”, decían, mientras señalaban con el dedo a los ayuntamientos catalanes que no han homenajeado a sus héroes.
Se ha oído de todo, desde que el país había vuelto a nacer hasta que ganar el mundial representa el fin simbólico de la Transición. La correa de transmisión de estos mensajes rocambolescos fue, cómo no, el entramado mediático de esta cosa que se llama ‘España’. “Llamarle la Roja es de catetos”, me dijo alguien no muy de izquierdas. “Es España y punto”.
Se llegó a límites insospechados en el uso de medios de información supuestamente serios para la agitación nacional-patriótica. En el prestigioso programa de TVE Informe semanal, emitieron un reportaje sobre la victoria española trufado de expertos de toda índole, para demostrar que el mundial no lo había ganado un grupo de grandes jugadores con sus habilidades técnicas y mentales –jugadores que usan más la cabeza que los pies–, sino la ‘furia’ española de toda la vida: la del gol de Zarra; la de matones de patio de colegio, como el inefable jugador merengue Juanito; esa selección española que se clasificaba en el último partido metiéndole doce goles a Malta.
Los medios de comunicación, que ya empezaron a cantar la victoria española antes del mundial, han constituido una herramienta fundamental para teñir la realidad de rojo y amarillo, de orgullo y éxtasis, de un sentimentalismo que ha alejado a la gente de las cosas que le están ocurriendo en el comedor de su casa, en su puesto de trabajo, en su vida diaria. Los medios están para eso, al fin y al cabo. Así son las cosas, así se las hemos contado. Ergo, las cosas son como las contamos. No se moleste usted en fijarse en el contenido de su nevera, o en el tamaño de su nómina –si la tiene.
Sin embargo, me sorprendió algo en las afueras de Málaga: un edificio de pisos entre muchos edificios iguales. En uno de los balcones, rodeado de más balcones con banderas españolas colgando, una bandera republicana desafiaba al paisaje globalizado y uniforme. Bajo el trampantojo de la España unida y victoriosa, se esconde otra verdad. La verdad es un arma poderosa. Terminada la final del mundial, el portero Iker Casillas besaba a su novia Sara Carbonero mientras ésta le entrevistaba, en un gesto espontáneo e irrefrenable. Fue un momento de verdad. Un momento de belleza, como la que contiene una obra de arte. Verdad abriéndose paso ante el torrente de espectáculo banal y simulacro zafio que es esa realidad pintada, pervertida en los medios de comunicación.
Tres mujeres que compartieron conmigo ese momento en el salón de casa se sintieron ofendidas. Decían que el acto de Casillas comprometía la imagen de su novia como periodista seria, y eso comprometía la imagen de cualquier profesional mujer. Pero, ¿por qué una mujer periodista deportiva debe estar obligada a dar una imagen de seriedad, si ningún periodista deportivo hombre la da realmente?
La verdad, como decía Gramsci, es revolucionaria. Por eso transgrede la imagen que nos hacemos, o nos hacen, de la realidad y provoca la alteración de los estados de ánimo. Por eso hubo una discusión sobre la situación de la mujer en ese momento.
Bajo las banderas ondeando al viento se esconde la verdad: recortes sociales, reforma laboral, una resolución del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya que pone en evidencia que en la España constitucional no se puede ser español y catalán, o simplemente catalán dentro de España. O se es español o nada –o independentista, claro–. El marco constitucional ha muerto para aquéllos que se habían hecho las ilusiones de una ‘España plural’ posible. “Es España y punto”. Y si se gana el mundial, el cielo se tiñe de rojo y amarillo y no hace falta plantearse nada más. Poco tiempo después pude ver en una revista varias fotos de Sara Carbonero en bikini, con un texto alabando su figura. ¡Eso sí es periodismo serio...!
Las verdades están ahí para quien las quiere ver.
publicado en La Hiedra del mes de septiembre de 2010
Se ha oído de todo, desde que el país había vuelto a nacer hasta que ganar el mundial representa el fin simbólico de la Transición. La correa de transmisión de estos mensajes rocambolescos fue, cómo no, el entramado mediático de esta cosa que se llama ‘España’. “Llamarle la Roja es de catetos”, me dijo alguien no muy de izquierdas. “Es España y punto”.
Se llegó a límites insospechados en el uso de medios de información supuestamente serios para la agitación nacional-patriótica. En el prestigioso programa de TVE Informe semanal, emitieron un reportaje sobre la victoria española trufado de expertos de toda índole, para demostrar que el mundial no lo había ganado un grupo de grandes jugadores con sus habilidades técnicas y mentales –jugadores que usan más la cabeza que los pies–, sino la ‘furia’ española de toda la vida: la del gol de Zarra; la de matones de patio de colegio, como el inefable jugador merengue Juanito; esa selección española que se clasificaba en el último partido metiéndole doce goles a Malta.
Los medios de comunicación, que ya empezaron a cantar la victoria española antes del mundial, han constituido una herramienta fundamental para teñir la realidad de rojo y amarillo, de orgullo y éxtasis, de un sentimentalismo que ha alejado a la gente de las cosas que le están ocurriendo en el comedor de su casa, en su puesto de trabajo, en su vida diaria. Los medios están para eso, al fin y al cabo. Así son las cosas, así se las hemos contado. Ergo, las cosas son como las contamos. No se moleste usted en fijarse en el contenido de su nevera, o en el tamaño de su nómina –si la tiene.
Sin embargo, me sorprendió algo en las afueras de Málaga: un edificio de pisos entre muchos edificios iguales. En uno de los balcones, rodeado de más balcones con banderas españolas colgando, una bandera republicana desafiaba al paisaje globalizado y uniforme. Bajo el trampantojo de la España unida y victoriosa, se esconde otra verdad. La verdad es un arma poderosa. Terminada la final del mundial, el portero Iker Casillas besaba a su novia Sara Carbonero mientras ésta le entrevistaba, en un gesto espontáneo e irrefrenable. Fue un momento de verdad. Un momento de belleza, como la que contiene una obra de arte. Verdad abriéndose paso ante el torrente de espectáculo banal y simulacro zafio que es esa realidad pintada, pervertida en los medios de comunicación.
Tres mujeres que compartieron conmigo ese momento en el salón de casa se sintieron ofendidas. Decían que el acto de Casillas comprometía la imagen de su novia como periodista seria, y eso comprometía la imagen de cualquier profesional mujer. Pero, ¿por qué una mujer periodista deportiva debe estar obligada a dar una imagen de seriedad, si ningún periodista deportivo hombre la da realmente?
La verdad, como decía Gramsci, es revolucionaria. Por eso transgrede la imagen que nos hacemos, o nos hacen, de la realidad y provoca la alteración de los estados de ánimo. Por eso hubo una discusión sobre la situación de la mujer en ese momento.
Bajo las banderas ondeando al viento se esconde la verdad: recortes sociales, reforma laboral, una resolución del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya que pone en evidencia que en la España constitucional no se puede ser español y catalán, o simplemente catalán dentro de España. O se es español o nada –o independentista, claro–. El marco constitucional ha muerto para aquéllos que se habían hecho las ilusiones de una ‘España plural’ posible. “Es España y punto”. Y si se gana el mundial, el cielo se tiñe de rojo y amarillo y no hace falta plantearse nada más. Poco tiempo después pude ver en una revista varias fotos de Sara Carbonero en bikini, con un texto alabando su figura. ¡Eso sí es periodismo serio...!
Las verdades están ahí para quien las quiere ver.
publicado en La Hiedra del mes de septiembre de 2010
05.“El Bulli” ha cerrado. ¿Dónde voy a comer yo ahora?
Así se llamaba un grupo de facebook para el que recibí una invitación un día, poco tiempo después de que Ferran Adrià anunciara el cierre por dos años de su famoso restaurante. Fue una de tantas invitaciones que se reciben y que a penas se miran por encima antes de ignorarlas. Sin embargo, la frase me llamó la atención por su aparente ironía. Aparente porque tal vez fuera un grupo de internautas millonarios, ricos y pequeño-burgueses adinerados, lamentándose por el cierre de uno de sus lugares de distracción, disfrute y dispendio. El dinero está para algo, ¿no?
Tal vez no era eso, y el nombre de ese grupo de facebook vendría a querer decir, a través, ahora sí, de una obvia ironía, qué carajo nos importa a nosotros que “El Bulli” cierre, y por qué, si andamos siempre buscando el menú más barato, por qué, digo, nos topamos con Ferran Adrià hasta en la sopa (léase, telediario).
Ferran Adrià se ha convertido en una figura popular, de las que sirven para elevar el espíritu nacional, un Fernando Alonso de los fogones, por así decirlo. Es lo que tiene ser el mejor del mundo. No importa que sus platos deconstruidos y sus caldos de agua de mar solo puedan degustarlos minorías adineradas. Todos debemos enorgullecernos del español universal aclamado en el mundo entero. Algo tendrá que ver que sea español, ¿no?
Eso de ser universal es muy de la era de la globalización. Como facebook. Decía un amigo cineasta hace poco, hablando del sentido de su última película, que no le gustaba esta época en la que, gracias a las herramientas que internet ha puesto a nuestro alcance, puedes comunicarte virtualmente con gente al otro lado del planeta, mientras sigues cruzándote con tus vecinos sin soltar más que un escueto buenos días.
Yo, que queréis que os diga, la fideuá de mi madre sigue siendo y seguirá siendo el placer culinario más grande del mundo, y ella mi gloria nacional de los fogones particular. ¿Qué decir de esos falafels de la calle Escudillers de Barcelona, en el Barri Gòtic de mi primera juventud? ¿”El Buen Bocado” se llamaba el local? No lo recuerdo bien, pero fueron los primeros antes de proliferar por toda Barcelona, y su recuerdo es imperecedero. ¿Que a algún geniecillo le apetece deconstruir falafels? allá él con su conciencia. Tal vez deconstruir, algo muy del arte posmoderno, no sea otra cosa que destruir con modales.
Un día leí en un periódico que a uno de los magrebís que servían falafels en “El Buen Bocado”, había dos, murió a consecuencia de una puñalada, en una reyerta en el mismo local. “El Buen Bocado” era pequeño, comías casi en la calle, de pié, y muchas veces había observado a algún raterillo intentando meter la mano en los bolsos de quienes dudaban demasiado entre picante y sin picante. No había mucha más opción en la carta. Esa puñalada, cosas del barrio, sí me partió el corazón. Lo partió en dos, el presente insaciable y el pasado que se desvanece a nuestras espaldas.
Comprenderéis que lo de “El Bulli” me dejara más bien frío. ¿Por qué cerró? me pregunto sin embargo.
Adriá insistió mucho en que cerraba el restaurante pero abría una fundación, para seguir investigando y emprender nuevos caminos creativos. ¿Refundar El Bulli?
En todo caso seguirá siendo para ricos, como ese capitalismo que algunos quisieron refundar hasta que el FMI llamó a sus puertas y les puso en evidencia. Por eso ahora, en palabras de Sebastián Piñera, presidente de Chile, en la VIª Cumbre UE-América Latina celebrada en Madrid en el marco de la presidencia española de la UE, los estados europeos se han puesto a régimen. ¿Régimen de acelgas y pan duro mientras Adriá inventa nuevos manjares? Ni de broma. Cada uno intenta salir de su propia crisis al estilo sálvese quien pueda. Algunos, como el cocinero universal, nos restriegan su creatividad e iniciativa personal a los demás, en esa nefasta campaña del estosololoarreglamosentretodos, sin poder evitar que a las pocas semanas un cocinero danés le arrebatara su primer puesto en el ranking mundial de cocineros. Un pequeño contratiempo. Nada que no se solucione con un buen ajuste de plantilla y una bajada de sueldos. Como la crisis misma, porque a régimen, claro, los demás. ¿O a caso comieron acelgas y pan duro los jefes de estado en la citada VI Cumbre UE-América Latina? Lo dudo mucho.
publicado en La Hiedra del mes de junio/julio de 2010
Tal vez no era eso, y el nombre de ese grupo de facebook vendría a querer decir, a través, ahora sí, de una obvia ironía, qué carajo nos importa a nosotros que “El Bulli” cierre, y por qué, si andamos siempre buscando el menú más barato, por qué, digo, nos topamos con Ferran Adrià hasta en la sopa (léase, telediario).
Ferran Adrià se ha convertido en una figura popular, de las que sirven para elevar el espíritu nacional, un Fernando Alonso de los fogones, por así decirlo. Es lo que tiene ser el mejor del mundo. No importa que sus platos deconstruidos y sus caldos de agua de mar solo puedan degustarlos minorías adineradas. Todos debemos enorgullecernos del español universal aclamado en el mundo entero. Algo tendrá que ver que sea español, ¿no?
Eso de ser universal es muy de la era de la globalización. Como facebook. Decía un amigo cineasta hace poco, hablando del sentido de su última película, que no le gustaba esta época en la que, gracias a las herramientas que internet ha puesto a nuestro alcance, puedes comunicarte virtualmente con gente al otro lado del planeta, mientras sigues cruzándote con tus vecinos sin soltar más que un escueto buenos días.
Yo, que queréis que os diga, la fideuá de mi madre sigue siendo y seguirá siendo el placer culinario más grande del mundo, y ella mi gloria nacional de los fogones particular. ¿Qué decir de esos falafels de la calle Escudillers de Barcelona, en el Barri Gòtic de mi primera juventud? ¿”El Buen Bocado” se llamaba el local? No lo recuerdo bien, pero fueron los primeros antes de proliferar por toda Barcelona, y su recuerdo es imperecedero. ¿Que a algún geniecillo le apetece deconstruir falafels? allá él con su conciencia. Tal vez deconstruir, algo muy del arte posmoderno, no sea otra cosa que destruir con modales.
Un día leí en un periódico que a uno de los magrebís que servían falafels en “El Buen Bocado”, había dos, murió a consecuencia de una puñalada, en una reyerta en el mismo local. “El Buen Bocado” era pequeño, comías casi en la calle, de pié, y muchas veces había observado a algún raterillo intentando meter la mano en los bolsos de quienes dudaban demasiado entre picante y sin picante. No había mucha más opción en la carta. Esa puñalada, cosas del barrio, sí me partió el corazón. Lo partió en dos, el presente insaciable y el pasado que se desvanece a nuestras espaldas.
Comprenderéis que lo de “El Bulli” me dejara más bien frío. ¿Por qué cerró? me pregunto sin embargo.
Adriá insistió mucho en que cerraba el restaurante pero abría una fundación, para seguir investigando y emprender nuevos caminos creativos. ¿Refundar El Bulli?
En todo caso seguirá siendo para ricos, como ese capitalismo que algunos quisieron refundar hasta que el FMI llamó a sus puertas y les puso en evidencia. Por eso ahora, en palabras de Sebastián Piñera, presidente de Chile, en la VIª Cumbre UE-América Latina celebrada en Madrid en el marco de la presidencia española de la UE, los estados europeos se han puesto a régimen. ¿Régimen de acelgas y pan duro mientras Adriá inventa nuevos manjares? Ni de broma. Cada uno intenta salir de su propia crisis al estilo sálvese quien pueda. Algunos, como el cocinero universal, nos restriegan su creatividad e iniciativa personal a los demás, en esa nefasta campaña del estosololoarreglamosentretodos, sin poder evitar que a las pocas semanas un cocinero danés le arrebatara su primer puesto en el ranking mundial de cocineros. Un pequeño contratiempo. Nada que no se solucione con un buen ajuste de plantilla y una bajada de sueldos. Como la crisis misma, porque a régimen, claro, los demás. ¿O a caso comieron acelgas y pan duro los jefes de estado en la citada VI Cumbre UE-América Latina? Lo dudo mucho.
publicado en La Hiedra del mes de junio/julio de 2010
04.Porqué me gustan los toros
“El toro es el animal más hermoso del mundo”, lo decía José Miguel Arroyo, Joselito, torero y ganadero madrileño, en su comparecencia ante parlamentarios catalanes a raíz de la Iniciativa Legislativa Popular que pretende erradicar por ley las corridas de toros en Catalunya. Y el toro, sin duda, el toro de lidia, es un animal hermoso. Yo prefiero el lobo. Visto de cerca, en el zoológico de Barcelona -ese “Guantánamo” para animales que sin embargo realiza una gran labor en la preservación de especies de la extinción, aun a costa de su libertad-, el lobo parece revelar fuertes contradicciones en la naturaleza. La ferocidad en sus colmillos y en sus ojos dejan entrever a veces cierta ternura, una mirada limpia y amistosa. En el lobo parece habitar la bestia y el animal de compañía, el errante solitario y autosuficiente, y el que necesita de la manada para sobrevivir.
Los zoológicos me resultan, a pesar de todo, deprimentes. He podido ver de cerca al lobo cautivo. Saberlo libre me llena de mayor satisfacción, de un sentimiento más profundo. Es tal vez la diferencia entre espectáculo y sabiduría, entre estética y ética.
Por eso me gustan los toros, pero no me gustan los toreros. No es que conozca a ninguno personalmente, ni tampoco entiendo ni sé nada sobre el tipo de individuos que devienen toreros. ¿De dónde salen? ¿Por qué se sienten atraídos por semejante actividad profesional? Inevitablemente no puedo más que relacionarlos con los programas y revistas del corazón, un espectáculo de bajo perfil cultural y ético, por decirlo de alguna manera, por donde circulan personajillos de dudosa calaña, entre descendientes de dictadores y vividores de todo tipo, apareándose entre sí, sin oficio pero con mucho beneficio gracias precisamente a convertir en espectáculo sus bajezas íntimas. De hecho, es lo más parecido a un documental de animales que se puede ver en televisión. Curiosamente, te encuentras personajes que aparecen en estos programas por ser famoso, que son famosos por aparecer en estos programas. Curiosa paradoja. Tomemos el caso de un famoso torero y su mujer. Pasados unos años, ella es la famosa y él su ex marido.
Mi problema con los toreros sin embargo, es que viven atrapados en una contradicción, pero no como la contradicción que habita en el lobo que es la contradicción que habita la naturaleza misma. La del torero es un tanto mas vulgar, y pone en evidencia la persistencia de valores arcaicos que deberían erradicarse de una sociedad moderna e ilustrada, o que pretende serlo. ¿Cómo se puede amar un animal, el más hermoso del mundo, y vivir de torturarlo y exterminarlo ante una multitud que encuentra placer en semejante acto?
Un día, un amigo que había asistido a una corrida de toros y que las defiende, me dijo que había sido “una experiencia estética”. Me quedé muy sorprendido. ¿Por qué lo dijo? Seguramente para justificar que se pueda considerar el toreo como un arte. Pero os imagináis un diálogo como este: “¿Que tal la película de ayer?”. “Fue una experiencia estética”. Absurdo, ¿verdad? Los defensores de las corridas de toros intentan reafirmarse y redefinirse, ante una sociedad y una ciudadanía cuyos valores se alejan cada vez más de los valores en que se fundamenta el espectáculo del toreo. Pero les falta, como dijo el filósofo José María Terricabras ante los mismos parlamentarios catalanes a quienes se dirigió Joselito, “un argumento ético fundamental. Hacer sufrir al toro por placer es totalmente reprobable”. ¿Qué importa que el placer sea estético y de esa forma alcance la categoría de arte? ¿A caso no nos tranquiliza, cuando vamos al cine, leer en los títulos de crédito el consabido texto “ningún animal ha sufrido maltratos en la realización de esta película”?
Cierto, torturar un animal es un comportamiento reprobable, falto de la ética más elemental, y no importa el contexto, el fin ni, en cierto modo las consecuencias. El toro sufre, sí, y este sufrimiento es importante, pero disfrutar de este sufrimiento rebaja nuestra humanidad. O mejor dicho, la devuelve a otros tiempos, tiempos regidos por otros valores: la pasión como sentimiento vinculado al dolor y a la muerte, la utilización de este sentimiento en la construcción de una identidad colectiva a través de una catarsis, la muerte como clímax, también un cierto concepto del honor, ligado a la sangre y a la violencia, y una visión del hombre y la virilidad que se refleja en la fuerza y la valentía. Estos valores, como arguye Esperanza Aguirre refiriéndose a los toros, perviven desde tiempo inmemorial. O sea, un tiempo del que no se tiene memoria. Un tiempo sin memoria. Visto lo visto, podría tratarse del siglo pasado, especialmente de los 40 años de franquismo. Un tiempo sin memoria en este país, por el esfuerzo de los sectores ideológicos y políticos que representa Aguirre. No es a eso a lo que se refiere la presidenta. Bien es cierto que cuando llegaron los primeros Brigadistas Internacionales en el 36, muchos de ellos con experiencia en el ejército e incluso en la guerra moderna, se encontraron con milicianos que se negaban a cavar trincheras porque, decían, un español no se esconde, un español lucha a pecho descubierto. Puede ser que estos valores arcaicos, que históricamente no son necesariamente ni de derechas ni de izquierdas, hayan sobrevivido en el Estado español más que en otros lugares. Ya va siendo hora de empezar a erradicarlos del todo.
publicado en La Hiedra del mes de mayo de 2010
Los zoológicos me resultan, a pesar de todo, deprimentes. He podido ver de cerca al lobo cautivo. Saberlo libre me llena de mayor satisfacción, de un sentimiento más profundo. Es tal vez la diferencia entre espectáculo y sabiduría, entre estética y ética.
Por eso me gustan los toros, pero no me gustan los toreros. No es que conozca a ninguno personalmente, ni tampoco entiendo ni sé nada sobre el tipo de individuos que devienen toreros. ¿De dónde salen? ¿Por qué se sienten atraídos por semejante actividad profesional? Inevitablemente no puedo más que relacionarlos con los programas y revistas del corazón, un espectáculo de bajo perfil cultural y ético, por decirlo de alguna manera, por donde circulan personajillos de dudosa calaña, entre descendientes de dictadores y vividores de todo tipo, apareándose entre sí, sin oficio pero con mucho beneficio gracias precisamente a convertir en espectáculo sus bajezas íntimas. De hecho, es lo más parecido a un documental de animales que se puede ver en televisión. Curiosamente, te encuentras personajes que aparecen en estos programas por ser famoso, que son famosos por aparecer en estos programas. Curiosa paradoja. Tomemos el caso de un famoso torero y su mujer. Pasados unos años, ella es la famosa y él su ex marido.
Mi problema con los toreros sin embargo, es que viven atrapados en una contradicción, pero no como la contradicción que habita en el lobo que es la contradicción que habita la naturaleza misma. La del torero es un tanto mas vulgar, y pone en evidencia la persistencia de valores arcaicos que deberían erradicarse de una sociedad moderna e ilustrada, o que pretende serlo. ¿Cómo se puede amar un animal, el más hermoso del mundo, y vivir de torturarlo y exterminarlo ante una multitud que encuentra placer en semejante acto?
Un día, un amigo que había asistido a una corrida de toros y que las defiende, me dijo que había sido “una experiencia estética”. Me quedé muy sorprendido. ¿Por qué lo dijo? Seguramente para justificar que se pueda considerar el toreo como un arte. Pero os imagináis un diálogo como este: “¿Que tal la película de ayer?”. “Fue una experiencia estética”. Absurdo, ¿verdad? Los defensores de las corridas de toros intentan reafirmarse y redefinirse, ante una sociedad y una ciudadanía cuyos valores se alejan cada vez más de los valores en que se fundamenta el espectáculo del toreo. Pero les falta, como dijo el filósofo José María Terricabras ante los mismos parlamentarios catalanes a quienes se dirigió Joselito, “un argumento ético fundamental. Hacer sufrir al toro por placer es totalmente reprobable”. ¿Qué importa que el placer sea estético y de esa forma alcance la categoría de arte? ¿A caso no nos tranquiliza, cuando vamos al cine, leer en los títulos de crédito el consabido texto “ningún animal ha sufrido maltratos en la realización de esta película”?
Cierto, torturar un animal es un comportamiento reprobable, falto de la ética más elemental, y no importa el contexto, el fin ni, en cierto modo las consecuencias. El toro sufre, sí, y este sufrimiento es importante, pero disfrutar de este sufrimiento rebaja nuestra humanidad. O mejor dicho, la devuelve a otros tiempos, tiempos regidos por otros valores: la pasión como sentimiento vinculado al dolor y a la muerte, la utilización de este sentimiento en la construcción de una identidad colectiva a través de una catarsis, la muerte como clímax, también un cierto concepto del honor, ligado a la sangre y a la violencia, y una visión del hombre y la virilidad que se refleja en la fuerza y la valentía. Estos valores, como arguye Esperanza Aguirre refiriéndose a los toros, perviven desde tiempo inmemorial. O sea, un tiempo del que no se tiene memoria. Un tiempo sin memoria. Visto lo visto, podría tratarse del siglo pasado, especialmente de los 40 años de franquismo. Un tiempo sin memoria en este país, por el esfuerzo de los sectores ideológicos y políticos que representa Aguirre. No es a eso a lo que se refiere la presidenta. Bien es cierto que cuando llegaron los primeros Brigadistas Internacionales en el 36, muchos de ellos con experiencia en el ejército e incluso en la guerra moderna, se encontraron con milicianos que se negaban a cavar trincheras porque, decían, un español no se esconde, un español lucha a pecho descubierto. Puede ser que estos valores arcaicos, que históricamente no son necesariamente ni de derechas ni de izquierdas, hayan sobrevivido en el Estado español más que en otros lugares. Ya va siendo hora de empezar a erradicarlos del todo.
publicado en La Hiedra del mes de mayo de 2010
03. ¿Y si lo arreglamos a martillazos?
Uno se levanta por la mañana, un lunes que de entrada parece uno cualquiera. Cualquiera de los últimos lunes de estas semanas de estos 10 meses en paro. Se acabó ya el subsidio y en mi cabeza ronda la intención de iniciar los trámites para solicitar los famosos 420 euros de ZP. Claro, entre pañal y pañal tal vez mande unos cuantos currículos más. Mi hijo de ocho meses vive ajeno a la situación de su padre, y aún la disfruta, pues he podido dedicarme a él intensamente. Él me ha ayudado sin saberlo, a superar la angustia y el deterioro en la autoestima que podría haber provocado esta larga inactividad, debida principalmente a la propia inestabilidad del sector en el que trabajo y al mal momento en el que este se encuentra inmerso. Momentos de cambios, de nuevas leyes, pero también de crisis, de menos y peor para todos.
Me pareció, decía, que este sería un lunes como cualquiera. Me equivocaba. En la marquesina de la parada de los autobuses al lado de casa, un cartel con estas palabras: ESTOSOLOLOARREGLAMOSENTRETODOS.ORG
La austeridad de la composición, el contraste entre el negro y el blanco, llaman mucho la atención, como una obviedad luminosa. El tono de la frase es directo, coloquial y a también correcto, y hace referencia a una realidad personal que a la vez es colectiva, o al revés si se prefiere. Es una referencia velada a la crisis, que por ser tan grave y generalizada, basta con el uso de dos palabras, “esto” y “arreglamos”, para que lo entendamos todos.
Poco rato después encuentro la misma imagen en el periódico. Por la noche, disfrutando de unos momentos de tranquilidad una vez dormido el bebé, veo por fin el anuncio publicitario de la campaña, porque ahora sí, ya puedo decir que se trata de una campaña. ¿Pero campaña de qué? ¿De quién? Lo único que saco en claro del anuncio son dos cosas: que la crisis no existe como tal, que se trata solo de un estado de ánimo, y que para superar tal estado, solo hace falta creatividad e iniciativa personal. “A qué no hay huevos de salir de la crisis” nos espeta el Follonero en uno de los anuncios. Porque no hay un solo anuncio, no, hay varios.
Sin duda, este no ha sido un lunes cualquiera. Los publicistas son gente curiosa. De entrada, se llaman a sí mismos “creativos”. Soy “creativo”. ¿Qué significa esto? Decían unos cómicos argentinos, es como si vengo y digo, soy genial, o, hola, soy listo. ¿Qué profesión es esta? Pues una que se toman muy en serio, porque antes de vendernos la moto a nosotros se la han tenido que vender a sus jefes, y a los clientes de sus jefes, y a los jefes de los clientes de sus jefes, que cuando uno es “creativo” anda todo el día metido en reuniones y más reuniones donde se utilizan palabrejas como target, briefing o brainstorming, y donde el que hace uso del término creativo como sustantivo y no como adjetivo, debe justificarse a sí mismo continuamente. Es decir, soy creativo (sustantivo), porque hago cosas creativas (adjetivo).
Para vender tanto y a tanta gente hay que creer mucho en el producto que vendes, o saber fingirlo. Generalmente, los creativos creen mucho en ellos mismos y fingen mucho para lo demás. Ese es el mundo en el que viven, un mundo que les obliga a hacer anuncios sexistas porque es lo que demanda el mercado, un mundo que les obliga a utilizar niños como reclamo porque es lo que demanda el mercado, un mundo en el que hay que hacer cualquier cosa con tal de vender lo que sea porque es lo que demanda el mercado. En ese mundo, la creatividad y la actitud, que no olvidemos, son dos de las principales supuestas virtudes de los creativos, pueden transformar la coyuntura económica y social de un país. Porque es lo que demanda el mercado.
Y de paso, a la angustia y a la baja autoestima le sumamos el sentimiento de culpa: ESTOLOHAESTROPEADOLAMALAACTITUDDETODOS, parece que nos dicen. En este momento no sé si echarme a llorar o agradecer que alguien me haya abierto los ojos. Ahora ya sé que si soy más creativo solucionaré mis problemas laborales. Por si a caso, navego un poco por la red para saber quién hay detrás del tema. Me encuentro los nombres de Jaime de Andrés, responsable de publicidad corporativa de Telefónica, Javier Gómez Navarro, ex-ministro de Comercio y actual presidente del Consejo superior de Cámaras. La campaña ha costado 4 millones de euros, abonados por las Cámaras de Comercio, por SEOPAN, la patronal de las Constructoras, y un buen puñado de grandes empresas españolas, que son las que ya conocemos de sobras. Ahora lo entiendo todo, y las ideas que me asaltan tienen que ver con martillos y marquesinas rotas, así que mejor lo dejo correr: no es una actitud muy creativa.
publicado en La Hiedra del mes de abril de 2010
Me pareció, decía, que este sería un lunes como cualquiera. Me equivocaba. En la marquesina de la parada de los autobuses al lado de casa, un cartel con estas palabras: ESTOSOLOLOARREGLAMOSENTRETODOS.ORG
La austeridad de la composición, el contraste entre el negro y el blanco, llaman mucho la atención, como una obviedad luminosa. El tono de la frase es directo, coloquial y a también correcto, y hace referencia a una realidad personal que a la vez es colectiva, o al revés si se prefiere. Es una referencia velada a la crisis, que por ser tan grave y generalizada, basta con el uso de dos palabras, “esto” y “arreglamos”, para que lo entendamos todos.
Poco rato después encuentro la misma imagen en el periódico. Por la noche, disfrutando de unos momentos de tranquilidad una vez dormido el bebé, veo por fin el anuncio publicitario de la campaña, porque ahora sí, ya puedo decir que se trata de una campaña. ¿Pero campaña de qué? ¿De quién? Lo único que saco en claro del anuncio son dos cosas: que la crisis no existe como tal, que se trata solo de un estado de ánimo, y que para superar tal estado, solo hace falta creatividad e iniciativa personal. “A qué no hay huevos de salir de la crisis” nos espeta el Follonero en uno de los anuncios. Porque no hay un solo anuncio, no, hay varios.
Sin duda, este no ha sido un lunes cualquiera. Los publicistas son gente curiosa. De entrada, se llaman a sí mismos “creativos”. Soy “creativo”. ¿Qué significa esto? Decían unos cómicos argentinos, es como si vengo y digo, soy genial, o, hola, soy listo. ¿Qué profesión es esta? Pues una que se toman muy en serio, porque antes de vendernos la moto a nosotros se la han tenido que vender a sus jefes, y a los clientes de sus jefes, y a los jefes de los clientes de sus jefes, que cuando uno es “creativo” anda todo el día metido en reuniones y más reuniones donde se utilizan palabrejas como target, briefing o brainstorming, y donde el que hace uso del término creativo como sustantivo y no como adjetivo, debe justificarse a sí mismo continuamente. Es decir, soy creativo (sustantivo), porque hago cosas creativas (adjetivo).
Para vender tanto y a tanta gente hay que creer mucho en el producto que vendes, o saber fingirlo. Generalmente, los creativos creen mucho en ellos mismos y fingen mucho para lo demás. Ese es el mundo en el que viven, un mundo que les obliga a hacer anuncios sexistas porque es lo que demanda el mercado, un mundo que les obliga a utilizar niños como reclamo porque es lo que demanda el mercado, un mundo en el que hay que hacer cualquier cosa con tal de vender lo que sea porque es lo que demanda el mercado. En ese mundo, la creatividad y la actitud, que no olvidemos, son dos de las principales supuestas virtudes de los creativos, pueden transformar la coyuntura económica y social de un país. Porque es lo que demanda el mercado.
Y de paso, a la angustia y a la baja autoestima le sumamos el sentimiento de culpa: ESTOLOHAESTROPEADOLAMALAACTITUDDETODOS, parece que nos dicen. En este momento no sé si echarme a llorar o agradecer que alguien me haya abierto los ojos. Ahora ya sé que si soy más creativo solucionaré mis problemas laborales. Por si a caso, navego un poco por la red para saber quién hay detrás del tema. Me encuentro los nombres de Jaime de Andrés, responsable de publicidad corporativa de Telefónica, Javier Gómez Navarro, ex-ministro de Comercio y actual presidente del Consejo superior de Cámaras. La campaña ha costado 4 millones de euros, abonados por las Cámaras de Comercio, por SEOPAN, la patronal de las Constructoras, y un buen puñado de grandes empresas españolas, que son las que ya conocemos de sobras. Ahora lo entiendo todo, y las ideas que me asaltan tienen que ver con martillos y marquesinas rotas, así que mejor lo dejo correr: no es una actitud muy creativa.
publicado en La Hiedra del mes de abril de 2010
02.De artistas, piratas y dicotomías
Conozco el caso de un abogado, enriquecido gracias a una canción, algo así como aserejé... Trabajaba para los compositores y gestionó el pago de sus derechos de autor por parte de la editora. Solo con su comisión se retiró y abrió un restaurante.
Otro caso. Una cantante muy, muy famosa, en una feliz noche en Abu Dabi ingresa, por una sola actuación, tres millones de dólares. Menudo bolo.
Recuerdo al cineasta Elia Kazan, que delató a sus amigos y compañeros al Comité de Actividades Antiamericanas del senador Mac Carthy durante la famosa caza de brujas de Hollywood. Se justificó diciendo que defendía su familia y su medio de vida ante el miedo a las represalias. Orson Wells, cineasta de otro talante, respondía que no es lo mismo defender tu medio de vida y tu familia que tus mansiones y piscinas.
Todo esto son historias contadas y oídas, mitos urbanos, tal vez, pero configuran una imagen del artista de hoy en día ciertamente real, y muy alejada del genio que muere pobre y olvidado o del escritor de buhardilla, por poner dos ejemplos más bien románticos.
Por otro lado, los trabajadores de la cultura, individuos de los que se habla sin saber muy bien qué son, o quienes son, no ganan millones de dólares, y sin embargo se encuentran a veces arrollados por discursos que les colocan en el epicentro de una campaña política e ideológica, esa que criminaliza todo afán por convertir la cultura en algo vivo y palpitante. Quienes conciben la creatividad como un proceso vinculado al desarrollo social y humano son tachados de enemigos de la civilización: piratas, otra vez en nombre de las familias y el trabajo, cuando en realidad deberían decir mansiones y piscinas. En un epicentro no se está precisamente cómodo. Claro, hay que conservar los puestos de trabajo, los artistas deben poder vivir de su arte, pero que esta necesidad se utilice como moneda de cambio para justificar recortes de libertades fundamentales es harina de otro costal.
Resulta que los avances tecnológicos transforman el mercado. Resulta que el usuario puede conseguir prácticamente gratis el contenido de un CD que en la tienda vale alrededor de 20 euros. Pero cuidado, porque el coste de fábrica puede que no supere los 5, seguramente. ¿Dónde está aquí la piratería? De verdad que cuando aterrizó la Sinde en su ministerio y se habló de combatir la piratería, pensé que tal vez se referirían a esos productores de cine y televisión que dejan a sus trabajadores sin sueldo, les obligan a trabajar jornadas maratonianas y les esquilman las horas extra. Pero no.
Los piratas son aquellos que hacen aquello para lo que está inventada la tecnología. Lo que pasa es que la tecnología no está inventada, o al menos no es eso lo que determina su uso. La tecnología está comercializada, y no existe para el mundo hasta el momento que se pone a la venta. Su objetivo, su razón de ser, es enriquecer a quienes la fabrican y la distribuyen. Es la disociación total entre valor de uso y valor de cambio, o tal vez lo contrario, la integración del uno en el otro. Para que se produzca este fenómeno, hacen falta leyes que limiten la utilización de aquello que nos venden, más allá, leyes que nos obliguen a seguir pagando una y otra vez, y aún más, acciones legales para impedir que se eludan estas leyes.
Y al fin y al cabo, no se trata de la tecnología. ¿Para qué sirve la cultura? ¿De qué sirve la cultura? El conflicto entre quienes defienden la libertad de compartir contenidos culturales y quienes presionan para que se persigan estas prácticas va mucho más allá de la cuestión puramente económica. Entraña una fuerte contradicción, esencial, inherente al desarrollo del capitalismo en el siglo XXI, una contradicción que cristaliza en la expresión “propiedad intelectual”. Aquello que sale de nuestras cabezas se puede convertir también en una propiedad, en un medio de producción o en una mercancía, con la intervención siempre de un soporte material, claro. Es el colmo del progreso. Hasta lo espiritual puede ser tasado y convertido en oro. Ni los magos de la Edad Media podrían haber soñado con semejante piedra filosofal. El aura es pues una cuestión de precio, y la reproducibilidad técnica de la obra de arte es el mecanismo a través del cual se extiende la mercantilización de todo lo humano.
Menudo lío. Siempre pensé que la cultura debía servir para que el mundo fuera un lugar un poco mejor, o al menos que nos hiciera pensar sobre ello, imaginar, proyectarnos hacia una versión mejorada de nosotros mismos a partir de una puesta en común de experiencias humanas, expresadas a través de la forma, reveladas. Poner en común: compartir.
Qué lástima, compartir no es negocio. Comprar, se trata de comprar, en un mundo que moviliza sus recursos para defender mansiones y piscinas, y fortunas, y derechos que son en realidad dinero que pagamos nosotros, los de a pié, dinero como el derecho más fundamental, el que va primero por encima de cualquier otro. Así son las cosas. El arte se convierte en una imagen inversa de los valores que en realidad debería transmitir, y la cultura solo una, la del capitalismo tardío en un siglo XXI que empezó convulso. Comprar o compartir tal vez sea una nueva dicotomía, esencial para definirnos como seres humanos y para definir el mundo en el que queremos vivir.
publicado en La Hiedra del mes de marzo de 2010
Otro caso. Una cantante muy, muy famosa, en una feliz noche en Abu Dabi ingresa, por una sola actuación, tres millones de dólares. Menudo bolo.
Recuerdo al cineasta Elia Kazan, que delató a sus amigos y compañeros al Comité de Actividades Antiamericanas del senador Mac Carthy durante la famosa caza de brujas de Hollywood. Se justificó diciendo que defendía su familia y su medio de vida ante el miedo a las represalias. Orson Wells, cineasta de otro talante, respondía que no es lo mismo defender tu medio de vida y tu familia que tus mansiones y piscinas.
Todo esto son historias contadas y oídas, mitos urbanos, tal vez, pero configuran una imagen del artista de hoy en día ciertamente real, y muy alejada del genio que muere pobre y olvidado o del escritor de buhardilla, por poner dos ejemplos más bien románticos.
Por otro lado, los trabajadores de la cultura, individuos de los que se habla sin saber muy bien qué son, o quienes son, no ganan millones de dólares, y sin embargo se encuentran a veces arrollados por discursos que les colocan en el epicentro de una campaña política e ideológica, esa que criminaliza todo afán por convertir la cultura en algo vivo y palpitante. Quienes conciben la creatividad como un proceso vinculado al desarrollo social y humano son tachados de enemigos de la civilización: piratas, otra vez en nombre de las familias y el trabajo, cuando en realidad deberían decir mansiones y piscinas. En un epicentro no se está precisamente cómodo. Claro, hay que conservar los puestos de trabajo, los artistas deben poder vivir de su arte, pero que esta necesidad se utilice como moneda de cambio para justificar recortes de libertades fundamentales es harina de otro costal.
Resulta que los avances tecnológicos transforman el mercado. Resulta que el usuario puede conseguir prácticamente gratis el contenido de un CD que en la tienda vale alrededor de 20 euros. Pero cuidado, porque el coste de fábrica puede que no supere los 5, seguramente. ¿Dónde está aquí la piratería? De verdad que cuando aterrizó la Sinde en su ministerio y se habló de combatir la piratería, pensé que tal vez se referirían a esos productores de cine y televisión que dejan a sus trabajadores sin sueldo, les obligan a trabajar jornadas maratonianas y les esquilman las horas extra. Pero no.
Los piratas son aquellos que hacen aquello para lo que está inventada la tecnología. Lo que pasa es que la tecnología no está inventada, o al menos no es eso lo que determina su uso. La tecnología está comercializada, y no existe para el mundo hasta el momento que se pone a la venta. Su objetivo, su razón de ser, es enriquecer a quienes la fabrican y la distribuyen. Es la disociación total entre valor de uso y valor de cambio, o tal vez lo contrario, la integración del uno en el otro. Para que se produzca este fenómeno, hacen falta leyes que limiten la utilización de aquello que nos venden, más allá, leyes que nos obliguen a seguir pagando una y otra vez, y aún más, acciones legales para impedir que se eludan estas leyes.
Y al fin y al cabo, no se trata de la tecnología. ¿Para qué sirve la cultura? ¿De qué sirve la cultura? El conflicto entre quienes defienden la libertad de compartir contenidos culturales y quienes presionan para que se persigan estas prácticas va mucho más allá de la cuestión puramente económica. Entraña una fuerte contradicción, esencial, inherente al desarrollo del capitalismo en el siglo XXI, una contradicción que cristaliza en la expresión “propiedad intelectual”. Aquello que sale de nuestras cabezas se puede convertir también en una propiedad, en un medio de producción o en una mercancía, con la intervención siempre de un soporte material, claro. Es el colmo del progreso. Hasta lo espiritual puede ser tasado y convertido en oro. Ni los magos de la Edad Media podrían haber soñado con semejante piedra filosofal. El aura es pues una cuestión de precio, y la reproducibilidad técnica de la obra de arte es el mecanismo a través del cual se extiende la mercantilización de todo lo humano.
Menudo lío. Siempre pensé que la cultura debía servir para que el mundo fuera un lugar un poco mejor, o al menos que nos hiciera pensar sobre ello, imaginar, proyectarnos hacia una versión mejorada de nosotros mismos a partir de una puesta en común de experiencias humanas, expresadas a través de la forma, reveladas. Poner en común: compartir.
Qué lástima, compartir no es negocio. Comprar, se trata de comprar, en un mundo que moviliza sus recursos para defender mansiones y piscinas, y fortunas, y derechos que son en realidad dinero que pagamos nosotros, los de a pié, dinero como el derecho más fundamental, el que va primero por encima de cualquier otro. Así son las cosas. El arte se convierte en una imagen inversa de los valores que en realidad debería transmitir, y la cultura solo una, la del capitalismo tardío en un siglo XXI que empezó convulso. Comprar o compartir tal vez sea una nueva dicotomía, esencial para definirnos como seres humanos y para definir el mundo en el que queremos vivir.
publicado en La Hiedra del mes de marzo de 2010
martes, 12 de abril de 2011
01.Messi o Cristiano, Cristiano o Messi
Que bonito es hacer feliz a tanta gente. Una frase como esta decía Pep Guardiola, el entrenador del equipo de fútbol del Barça, en la celebración de los 6 títulos que han ganado este año. El Barça, este 2009, ha pasado a la historia, pero para colmo de las paradojas, también el Real Madrid, al materializar el fichaje más caro jamás realizado en el fútbol mundial. 94 millones de euros por Cristiano Ronaldo, uno de los jugadores más deseados por la afición merengue. Así, a la hora de hacer balance, nos encontramos con un año que ha llenado de felicidad la vida de cientos de miles de personas. A unos por los hechos consumados. A otros por las espectativas generadas; ante tamaño desembolso, los éxitos están asegurados. ¿O no? Hay una cosa muy clara. Después de un ciclo de victorias del Barça, viene un ciclo de victorias del Real Madrid, y a eso parecen ya muy acostumbrados incluso aquellos que luchan por una tercera plaza en la liga BBVA.
¿No resulta irónico que a pesar de esta autoconciencia de la alternancia en la cima del éxito, no se reduzca ni un ápice la rivalidad entre ambos equipos? No, claro, en realidad ambos existen el uno para el otro. Y por encima de estos, cientos de miles de españolitos felices, un banco, claro, patrocinador de la liga de fútbol, un gran empresario salvador, Florentino, la transnacional Nike, y como no, UNICEF, para que todo sea en beneficio de los niños pobres.
¿Pero en qué momento hemos dejado de hablar de fútbol para hablar de política? Es cierto que, como en el fútbol, los dos grandes partidos se alternan en el poder y son conscientes de ello, y a pesar de eso siguen compitiendo con la misma beligerancia, como si quisieran convencernos de que entre unos y otros hay grandes diferencias. Zapatero o Rajoy, Rajoy o Zapatero. ¿Quién meterá más goles? Pero en esta lucha sin cuartel no siembran felicidad a su paso, sino todo lo contrario. Tal vez ahí radica la importancia de la alegría culé y la ilusión merengue. Porque de como han ido las cosas este 2009 no podemos estar contentos precisamente. Que se lo pregunten sino a los trabajadores de Aircomet y a los cientos de usuarios estafados por el presidente de la patronal española.
El despropósito de Díaz Ferran al frente de la compañía aérea ha sido la guinda de un año marcado no tanto por la crisis, como por los esperpénticos intentos de los políticos de dar respuestas que generen alguna esperanza. El tan cacareado cambio de modelo productivo para re-fundar el capitalismo y hacer frente así a la crisis económica y ecológica -como si fueran dos cosas diferentes-, se ha evidenciado como un discurso vacío y estéril, detrás del cual se esconden las recetas liberales de siempre. Rajoy, frente a una oficina del INEM, defendiendo una reforma laboral que abarate el despido y haga más precario si cabe el mercado laboral en este país puede ser un caso paradigmático. También lo es la absoluta incapacidad de dar una respuesta al problema del Cámbio Climático que los líderes mundiales han escenificado en la cumbre de Copenhague. Su fracaso es directamente proporcional a la represión sufrida por quienes sí planteaban soluciones en la calle. Y es que no tener nada que ofrecer a la sociedad no ha sido nunca un problema para los políticos, y parece que nunca habían tenido tan poco que ofrecer como ahora.
En este estado de cosas, acompañando los discursos vacíos y el marketing electoral, no olvidemos que 2009 ha sido el año Obama, se encuentran los viejos métodos, los que utilizan desde siempre los poderosos para salir del atolladero. La represión en Copenhage fue un ejemplo claro. Al otro lado del charco, un golpe de estado a la vieja usanza en Honduras y un nuevo proyecto de expansión militar del buen vecino del norte en Colombia, marcan la dinámica que nos podemos encontrar el nuevo año en el que hemos entrado, la década en la que hemos entrado. ¿Un panorama muy negro? Cuando la ocupación española de Afganistán se entiende como una misión humanitaria, la forma de ayudar a la gente a superar la crisis es dar dinero a los bancos y quitarlo a los servicios sociales, y la receta para frenar el paro es abaratar el despido, poco margen tenemos los trabajadores y las trabajadoras para la ilusión.
¿Messi o Ronaldo, Ronaldo o Messi? ¿Y qué pasa si somos del Atleti? Ahí sí que golpea la crisis. No os preocupéis. Tenemos el Mundial de Sudáfrica, o la Copa Davis, o Fernando Alonso firmando por Ferrari. La cuestión es que todo siga igual, seguir adelante a cualquier precio. Total ¿quién va a pagar ese precio? Pues sí, lo habéis adivinado. ¿A qué hora es el próximo partido?
publicado en La Hiedra del mes de febrero de 2010
¿No resulta irónico que a pesar de esta autoconciencia de la alternancia en la cima del éxito, no se reduzca ni un ápice la rivalidad entre ambos equipos? No, claro, en realidad ambos existen el uno para el otro. Y por encima de estos, cientos de miles de españolitos felices, un banco, claro, patrocinador de la liga de fútbol, un gran empresario salvador, Florentino, la transnacional Nike, y como no, UNICEF, para que todo sea en beneficio de los niños pobres.
¿Pero en qué momento hemos dejado de hablar de fútbol para hablar de política? Es cierto que, como en el fútbol, los dos grandes partidos se alternan en el poder y son conscientes de ello, y a pesar de eso siguen compitiendo con la misma beligerancia, como si quisieran convencernos de que entre unos y otros hay grandes diferencias. Zapatero o Rajoy, Rajoy o Zapatero. ¿Quién meterá más goles? Pero en esta lucha sin cuartel no siembran felicidad a su paso, sino todo lo contrario. Tal vez ahí radica la importancia de la alegría culé y la ilusión merengue. Porque de como han ido las cosas este 2009 no podemos estar contentos precisamente. Que se lo pregunten sino a los trabajadores de Aircomet y a los cientos de usuarios estafados por el presidente de la patronal española.
El despropósito de Díaz Ferran al frente de la compañía aérea ha sido la guinda de un año marcado no tanto por la crisis, como por los esperpénticos intentos de los políticos de dar respuestas que generen alguna esperanza. El tan cacareado cambio de modelo productivo para re-fundar el capitalismo y hacer frente así a la crisis económica y ecológica -como si fueran dos cosas diferentes-, se ha evidenciado como un discurso vacío y estéril, detrás del cual se esconden las recetas liberales de siempre. Rajoy, frente a una oficina del INEM, defendiendo una reforma laboral que abarate el despido y haga más precario si cabe el mercado laboral en este país puede ser un caso paradigmático. También lo es la absoluta incapacidad de dar una respuesta al problema del Cámbio Climático que los líderes mundiales han escenificado en la cumbre de Copenhague. Su fracaso es directamente proporcional a la represión sufrida por quienes sí planteaban soluciones en la calle. Y es que no tener nada que ofrecer a la sociedad no ha sido nunca un problema para los políticos, y parece que nunca habían tenido tan poco que ofrecer como ahora.
En este estado de cosas, acompañando los discursos vacíos y el marketing electoral, no olvidemos que 2009 ha sido el año Obama, se encuentran los viejos métodos, los que utilizan desde siempre los poderosos para salir del atolladero. La represión en Copenhage fue un ejemplo claro. Al otro lado del charco, un golpe de estado a la vieja usanza en Honduras y un nuevo proyecto de expansión militar del buen vecino del norte en Colombia, marcan la dinámica que nos podemos encontrar el nuevo año en el que hemos entrado, la década en la que hemos entrado. ¿Un panorama muy negro? Cuando la ocupación española de Afganistán se entiende como una misión humanitaria, la forma de ayudar a la gente a superar la crisis es dar dinero a los bancos y quitarlo a los servicios sociales, y la receta para frenar el paro es abaratar el despido, poco margen tenemos los trabajadores y las trabajadoras para la ilusión.
¿Messi o Ronaldo, Ronaldo o Messi? ¿Y qué pasa si somos del Atleti? Ahí sí que golpea la crisis. No os preocupéis. Tenemos el Mundial de Sudáfrica, o la Copa Davis, o Fernando Alonso firmando por Ferrari. La cuestión es que todo siga igual, seguir adelante a cualquier precio. Total ¿quién va a pagar ese precio? Pues sí, lo habéis adivinado. ¿A qué hora es el próximo partido?
publicado en La Hiedra del mes de febrero de 2010
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Sí, es cierto. La vida te pone a veces en situaciones contradictorias, casi absurdas. Las cosas a menudo no son lo que parecen, porque si lo...
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Este pasado 12 de octubre, día de la hispanidad, la raza, o lo que sea, el Rey se enfadó. Se enfadó porque pitaron a Zapatero durante el des...