domingo, 1 de mayo de 2011

10.¿La última palabra?

En una tira cómica de prensa diaria, cuatro viñetas: la primera muestra un joven griego sujetando una pancarta en griego enfrentándose a un antidisturbios griego; la segunda viñeta, un joven francés sujetando una pancarta en francés y enfrentándose a un antidisturbios francés; la tercera viñeta, un joven inglés sujetando una pancarta en inglés enfrentándose a un antidisturbios inglés; la cuarta viñeta, un joven español con una risa despreocupada en el rostro, sujetando una pancarta en la que se lee: ¿HABÉIS VISTO LA ÚLTIMA TEMPORADA DE DEXTER?
Los humoristas gráficos, como siempre, dan cuenta de su lucidez. Y sin embargo, estamos convencidos del potencial que contiene una situación socialmente insostenible como la actual. Miramos hacia Europa, hacia Túnez y Egipto, y quisiéramos vernos a nosotros mismos a través de un espejo. Pero no es más que una ventana cerrada por donde entran retazos de una realidad lejana, y el eco de los pasos sobre el asfalto.
¿Dónde están los jóvenes del Estado español? Lo pregunto con la certeza de que las nuevas generaciones son y serán mucho mejores de lo que el imaginario colectivo hace pensar. El estado del bienestar se desmorona, la precariedad se extiende, y se acaba el tiempo de vivir gracias al apoyo familiar. Tal vez esta sea una de las causas de que la mía haya sido una generación perdida. Los nacidos en la década de los 70 hemos vivido la llegada de la democracia liberal sin recordar a penas el franquismo, hemos visto las consecuencias de las luchas de nuestros padres y madres pero no esas mismas luchas ni sus causas, y nos creímos que las cosas eran así, sin más. Tal vez seamos el eslabón perdido entre las nuevas generaciones y los viejos luchadores que mantuvieron viva la tradición militante en la medianoche del siglo y más allá. A nosotros nos cegó la luz del sol, sin darnos cuenta de que solo era una bombilla de cuarenta vatios. Ahora no falta el germen de la revuelta entre los más jóvenes, estoy convencido de ello, como lo estoy de que las condiciones materiales van a determinar la conciencia crítica en un mundo que ha entrado en un proceso degenerativo crónico.
En este momento, conviene hacer balance de la primera década del siglo XXI, una década que ha visto el movimiento de protesta más multitudinario de la historia. La izquierda organizada vivimos esos momentos con optimismo, como si fueran la confirmación de unas esperanzas postergadas demasiado tiempo. Pensamos que de ahí podía nacer una nueva izquierda, fortalecida y rejuvenecida. Pero pasó la ola, y esta nos dejó el gobierno que está llevando a cabo los más brutales ataques al estado del bienestar que hemos visto.
Tal vez sea hora ya de asumir un cierto fracaso, como forma de superar la desazón, como forma de encontrar nuevas fuerzas. Hoy por hoy, no hay ni una sola organización política, ni una sola organización sindical, ni un solo colectivo o plataforma que no haya fracasado. Ha fracasado el fraccionalismo de los grupitos y grupúsculos de la izquierda radical, ha fracasado el espontaneismo movimentista y la antipolítica posmoderna, ha fracasado la izquierda institucional, arrollada por la marea social-liberal, han fracasado las corrientes críticas, incapaces de nadar y guardar la ropa en esas aguas, y ha fracasado el aislamiento del sindicalismo alternativo. La consecuencia: un nuevo pacto social sobre las pensiones, ante la perplejidad de quienes, erróneamente, consideramos la huelga general del 29S un éxito sin paliativos. Las cosas van a ir a peor para la mayoría, y la mayoría vamos a seguir sin un referente político si no somos capaces de superarnos y de superar la situación.
¿Qué hacer entonces? Hay que ser consciente de la potencialidad del momento, de los aires de revuelta que soplan en algunos países, de lo antisocial de unas políticas que van a seguir implementándose si no lo evitamos, y sobre todo, hay que confiar en una juventud que no va a tener más remedio que luchar por lo que se está perdiendo ahora.
Juventud divino tesoro, dicen. Otros afirman que es una enfermedad que se cura con los años. Los hay que ven en los jóvenes pequeños monstruos adictos al consumo de productos alienantes. Pero muchos de los que señalan con el dedo a la juventud de hoy y airean la suya como ejemplo de gran aventura romántica de rebeldía y creatividad, se vendieron al mejor postor hace mucho tiempo.
Esta será tal vez mi última palabra. Última en esta revista, que termina una etapa y empieza otra. Quería hablar de la unidad de la izquierda, del reagrupamiento, pero me parece que poca cosa se puede decir ya que no se haya dicho. La urgencia y la necesidad, sobre todo. Hay gente que va a seguir movilizándose como hasta ahora, y va a haber gente que lo hará por primera vez. La rabia y la frustración ocuparán las primeras páginas de los periódicos como las ocupan hoy las revoluciones del pueblo árabe. Depende tanto de las viejas generaciones como de las nuevas, trabajar en serio para construir un referente político de transformación social, trabajar día a día, abiertamente y sin sectarismos absurdos, para cumplir lo que ya empieza a ser una labor histórica ineludible. Se hace camino al andar, dijo el poeta. Sigamos adelante.
publicado en La hiedra del mes de febrero de 2011

9.La victoria póstuma de Hitler

Empieza la campaña electoral en Catalunya. Los candidatos afilan sus lenguas y retocan maquillajes. Saltan a escena dándose golpes en el pecho dispuestos a pelear cada voto como si les fuera la victoria en ello. Les va, de hecho, y en ese momento en que la ciudadanía más predispuesta está a la política, los profesionales del tema hacen alarde de la más ruin hipocresía y muestran la cara cínica y voraz de un charlatán de feria con su sonrisa de galán de telenovela.
A estas alturas, y es de suponer que nada habrá cambiado durante toda la campaña, ellos lo tienen muy claro: la culpa de todo la tiene la crisis y la culpa de la crisis los inmigrantes. No es que lo digan así, tan llanamente, y claro está que para los que no gobiernan los culpables de todo son los que sí lo hacen. Pero a la crisis ya solo les falta darle forma humana, dibujarla como una especie de ama de llaves diabólica y convertirla en personaje de historieta que siembra el pánico allá donde va. Ahora la señora Crisis es quien despide a los trabajadores y trabajadoras, la señora Crisis es quien baja los salarios, la señora Crisis es quien recorta subsidios y prestaciones, la señora Crisis es quien quiebra empresas.
Esto de quitarse las culpas de encima y señalar con el dedo al de al lado suele dar buen resultado, y si el de al lado es más morenito que nosotros, más pobre y está más indefenso, mejor, y si encima habla raro es que nos lo ponen en bandeja. Empieza el baile de cifras, millón arriba millón abajo, las avalanchas. Que si los inmigrantes se llevan todos los subsidios y subvenciones, que si inundan los barrios de droga y delincuencia, que si convierten a nuestros hijos en analfabetos invadiendo las escuelas con sus pequeñas crías. Y claro, los cretinos que andan a paso de ganso asoman la cabeza, espoleados por el oportunismo y el nacionalismo racista de quienes implementan y promueven las políticas que recortan sueldos, subsidios y prestaciones, y deterioran los barrios, la sanidad y la educación.
¿Hacen falta argumentos realmente? ¿Debe la izquierda defender la idea de que un vecino nacido “español” debe tener más derechos que un vecino nacido “extranjero”? ¿O debemos defender la universalidad de los derechos humanos y sociales más allá de cualquier frontera nacional?
La declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano, nacida a la luz del fuego revolucionario y fundamento del proyecto ilustrado, entraña un serio peligro en un mundo organizado políticamente sobre la base del estado-nación. Cada estado-nación es el garante de los derechos de sus ciudadanos y solo de sus ciudadanos. El primer acto del exterminio de los judíos por los nazis en la medianoche del siglo XX fue la retirada de su ciudadanía. Convertidos en apátridas, ningún estado tenía ni el deber ni el derecho de defenderles de lo que se les venía encima.
En la actualidad hay al menos dos colectivos que se encuentran en una situación parecida: los palestinos en Israel, ironías del destino, y los inmigrantes sin papeles, cabezas de turco de un sistema cuyo nihilismo caníbal devora hasta los valores sobre los que dice sustentarse.
¿Y de qué estamos hablando al fin? ¿De que va realmente toda esta palabrería?
A quien sufre la degradación de su barrio y no se da cuenta de que el dinero público se lo llevan los bancos y las grandes empresas, a quien le bajan el sueldo y no ve que es su jefe el que se lo baja y su jefe el que le despide si se queja, a quien le preocupa la delincuencia y no culpa la miseria sino las mezquitas y al vecino de tez más oscura, a quien piensa que es un perjuicio para sus hijos la convivencia con lenguas y culturas diversas y no pide más recursos sino segregación, es porque al fin lo que le molesta, lo que le indigna de verdad es precisamente eso, tener que sentarse al lado de alguien de otro color. Ni siquiera es eso que ahora llaman xenofobia. Ni siquiera es miedo a la diferencia, ni ignorancia. Tampoco pánico y confusión hacia la transformación vertiginosa del mundo tal y como lo conocieron. Es simple y puro racismo, del de toda la vida, ese que empieza mal y termina peor, ese que nos hace sentir vergüenza de pertenecer al género humano.
Hablaba un superviviente del genocidio nazi, refiriéndose a la limpieza étnica en los Balcanes, de la “victoria póstuma de Hitler”. Solo hace falta encender la televisión, la radio o leer un periódico en un día cualquiera de campaña electoral. ¡Qué asco!
publicado en La hiedra del mes de diciembre de 2010

miércoles, 13 de abril de 2011

08.Fiesta de pitos, toros y te

Este pasado 12 de octubre, día de la hispanidad, la raza, o lo que sea, el Rey se enfadó. Se enfadó porque pitaron a Zapatero durante el desfile militar que conmemora una fecha tan señalada, desluciendo algunos de los actos de gran valor simbólico que se llevan a cabo, a paso marcial, ante las autoridades más altas del país. Él, el Rey, jefe del estado y comandante en jefe de los tres ejércitos, y el gobierno, entre otros. Estos últimos también se enfadaron. Se enfadaron los miembros del gobierno, las cúpulas del PSOE, quienes sospechan que el PP está detrás, y delante diría yo, de los pitos, y la ministra de defensa, claro. La ministra decidió pocos días después, tomar cartas en el asunto y proponer un nuevo protocolo para el desfile que destierre estos comportamientos.
Chacón actúa imbuida sin duda por el espíritu del gobierno de la Generalitat catalana, el tripartit, tan progresista, cuyos dirigentes acudieron, un mes y un día antes que Juan Carlos y Jose Luís a su celebración patriótica, a un monumento alejado de la gente de a pie. ¿O era la gente la que fue alejada del monumento? El público habitual que asiste a la entrega floral al monumento a Rafael de Casanovas, el insigne defensor de Barcelona durante el sitio de 1714, tradicional cada 11 de septiembre en Catalunya, fueron apartados de las autoridades y personalidades por la policía autonómica, que cortó la calle a cada lado de la estatua. La causa de esta novedad, claro, los pitos que vienen formando parte de la tradición desde hace algún tiempo, y que no son del gusto de los organizadores.
No parece que Chacón vaya a ponerse de acuerdo con la oposición, o sea el PP, para crear este nuevo protocolo, puesto que al contrario que en Catalunya, son ellos, la derecha reaccionaria y cavernícola, los que pitan, y no los pitados. Son ellos quienes no toleran que lo que consideran un rojo peligroso les arruine con su presencia un acontecimiento de tanta carga simbólica, y pitan y pitan aun a costa de soliviantar a una figura tan importante, y tan afín, como el Rey.
Ante los símbolos al fin y al cabo, hay que ser pragmático y utilizarlos a conveniencia. Más hoy en día. Cuando desaparece el estado del bienestar, si es que existió realmente, y por tanto también el bienestar derivado de las políticas sociales de los estados, y cuando la izquierda no parece capaz de articular una alternativa a las políticas que propician estas desapariciones, cuando la historia ha terminado y las ideologías han muerto, los valores abstractos, o espirituales, que pueden configurar el imaginario simbólico de un colectivo, adquieren especial relevancia.
Religión, identidad y patria. Del islamismo radical al fundamentalismo cristiano, de La Roja a los Toros. Estos últimos se encuentran a partir de ahora bajo el patrocinio y la protección del Ministerio de Cultura, porque no importa que los ciudadanos perezcan bajo el peso del paro y la precariedad, debe quedar intacto, por encima de todo, su sentir patriótico, ese placer que proporciona el saberse parte de una gran nación libre e indivisible. Placer, fuerza, satisfacción, orgullo. ¿Para qué queremos más?
Esperanza Aguirre se proclama ahora simpatizante de la extrema derecha que está revolucionando, si me permitís la palabra, el Partido Republicano de Estados Unidos, la que quiere derrocar al presidente negro y proclama, alrededor de un servicio de te tipo Lladró, el santo principio que Aguirre comparte: menos estado, más nación americana. Menos estado, más nación española. Menos educación y sanidad para los ciudadanos, más toros y más fútbol.
Decía recientemente un banquero que para superar la crisis los trabajadores deben ser más competitivos, sea lo que sea lo que tengan que hacer para conseguirlo. Si hay que trabajar i estudiar a la vez, o si hay que trabajar más horas por el mismo precio, pues eso habrá que hacer. La conclusión es que más nos vale alimentar nuestro espíritu, con toros, fútbol o desfiles, porque nuestro cuerpo va a estar cada vez más desnutrido. O lo que es lo mismo, oír hablar a la derecha de valores abstractos y espirituales pone los pelos de punta, pero cuando hablan de cosas terrenales que afectan a nuestra vida cotidiana, dan ganas de salir corriendo. No corriendo como nuestros burócratas sindicales que andan a paso de ganso, sino como los franceses, nuestros amables vecinos, que nos siguen dando lecciones desde 1871.
publicado en La Hiedra del mes de noviembre de 2010

07.Haciéndole el juego a la derecha

Sí, es cierto. La vida te pone a veces en situaciones contradictorias, casi absurdas. Las cosas a menudo no son lo que parecen, porque si lo fueran podríamos creer que habitamos una realidad desquiciada, fuera de sí misma. Esta cosa llamada ‘sindicalismo’ se presta más aún a lo resbaladizo.
Era un lunes a principios de septiembre. En un primer vistazo veo a Pilar Bardem, a Adriana Ozores y a Guillermo Toledo junto a otras caras conocidas. Ellos me miran desde la platea de un teatro y yo estoy sobre el escenario. El mundo al revés, como en un sueño. Pero no estoy solo. Me acompañan representantes de organizaciones de actores, de músicos, de directores de escena y de grupos y salas alternativas de teatro. Yo represento al sindicato de técnicos del cine y del audiovisual. El acto: una asamblea convocada para articular la participación conjunta de todos los trabajadores y trabajadoras del espectáculo y el audiovisual en la Huelga General del 29 de septiembre.
Esa asamblea fue el primer paso. Luego nos organizamos para hablar con todos los teatros y todos los rodajes de series y películas. Obtuvimos tres respuestas diferentes: había quienes secundarían la huelga, había quienes estaban desinformados o tenían miedo a las represalias y había quienes se negaban a parar porque, decían, esta huelga le hace el juego a la derecha.
Es sorprendente de entrada este argumento, más allá de especular sobre los movimientos en las tendencias de voto del electorado y el posible desgaste del gobierno social¬ liberal de Zapatero. Cabe pensar que la derecha no es lo que era y, por tanto, tampoco la izquierda es lo que se supone que debe ser. ¿Esquiroles contra la derecha? Corren malos tiempos, y va a hacer falta más que una huelga como la del 29, fuera cual fuera su incidencia, para aclararnos un poco. Porque no solo nos encontramos con quienes, curiosamente, odian a la derecha pero no a las políticas de derechas, sino también con quienes odian a los sindicatos mayoritarios incluso cuando se comportan como deben comportarse. Menudo galimatías.
¿Y la clase trabajadora? La clase trabajadora en el ojo del huracán de la crisis, recibiendo palos y más palos sin saber de dónde le vienen. Eso sí es como siempre ha sido. Y Díaz Ferrán de rositas, por poner un ejemplo de escándalo.
El otro día volví a ver la película El nombre de la Rosa, donde se escenifica el enfrentamiento entre un racionalismo incipiente y el oscurantismo del brazo inquisitorial del pensamiento escolástico. Escolástica es esa forma de pensamiento propia de la Edad Media en la que los dogmas de fe se daban por ciertos como principio de cualquier razonamiento posterior, sometiendo el conocimiento a un encierro forzoso en una tétrica mazmorra. “No existe el progreso, solo una permanente recapitulación”, clama un viejo monje desde el púlpito.
Tengo la sensación de que la modernidad se ha convertido en una especie de Nueva Edad Media hipertecnológica, donde la escolástica vuelve a ser el sistema de pensamiento hegemónico. Uno es de izquierdas por tradición, o por inercia, como el que es seguidor de uno de los equipos de la ciudad y no del otro, y no importan razones o razonamientos. PSOE o PP, PP o PSOE.
Pero es sin duda Zapatero quien le está haciendo el juego a la derecha, escandalizada en su prensa por el hecho de que los sindicatos coleen aun, después de haber gobernado ellos 8 años. No el juego; el trabajo sucio, que es peor, y el que entienda el ser de izquierdas como un compromiso real con el proyecto de la ilustración, la razón frente al oscurantismo, no puede comulgar con ruedas de molino. La DERECHA, en mayúsculas, se nos viene encima. El FMI y la UE, la banca, la patronal y el PP, vienen a abrir la lata del Estado del Bienestar europeo para saquear lo poco que queda dentro, y su abrelatas se llama Partido Socialista Obrero Español. Todo eso se nos viene encima, así que la huelga del 29-S no le ha hecho el juego a la derecha; la reforma laboral de Zapatero, sí. ¿Le hemos hecho el juego a unos sindicatos podridos? El tiempo lo dirá. En todo caso, el partido había que jugarlo, con la convicción de futuros lances por venir.
Y, por cierto, me encanta el final de El nombre de la Rosa. Los campesinos depauperados por el diezmo toman el monasterio al asalto y corren a pedradas al inquisidor. Eso sí es irrumpir en el escenario de la historia. Una huelga general de un día no es eso, claro, pero todo llegará. Todo llegará...
publicado en La Hiedra del mes de octubre de 2010

06.El beso de Iker y Sara

El curso pasado se cerró con la victoria de la selección española de fútbol en el mundial de Sudáfrica. Una ola de fervor patriótico inundó las calles de pueblos y ciudades. Los balcones se llenaron de banderas, y los defensores de la patria única e indivisible teorizaron sobre el peso real y simbólico de la victoria. “Es una muestra de lo que la unidad puede lograr, ante aquellos que pregonan el nefasto y destructivo separatismo”, decían, mientras señalaban con el dedo a los ayuntamientos catalanes que no han homenajeado a sus héroes.
Se ha oído de todo, desde que el país había vuelto a nacer hasta que ganar el mundial representa el fin simbólico de la Transición. La correa de transmisión de estos mensajes rocambolescos fue, cómo no, el entramado mediático de esta cosa que se llama ‘España’. “Llamarle la Roja es de catetos”, me dijo alguien no muy de izquierdas. “Es España y punto”.
Se llegó a límites insospechados en el uso de medios de información supuestamente serios para la agitación nacional-patriótica. En el prestigioso programa de TVE Informe semanal, emitieron un reportaje sobre la victoria española trufado de expertos de toda índole, para demostrar que el mundial no lo había ganado un grupo de grandes jugadores con sus habilidades técnicas y mentales –jugadores que usan más la cabeza que los pies–, sino la ‘furia’ española de toda la vida: la del gol de Zarra; la de matones de patio de colegio, como el inefable jugador merengue Juanito; esa selección española que se clasificaba en el último partido metiéndole doce goles a Malta.
Los medios de comunicación, que ya empezaron a cantar la victoria española antes del mundial, han constituido una herramienta fundamental para teñir la realidad de rojo y amarillo, de orgullo y éxtasis, de un sentimentalismo que ha alejado a la gente de las cosas que le están ocurriendo en el comedor de su casa, en su puesto de trabajo, en su vida diaria. Los medios están para eso, al fin y al cabo. Así son las cosas, así se las hemos contado. Ergo, las cosas son como las contamos. No se moleste usted en fijarse en el contenido de su nevera, o en el tamaño de su nómina –si la tiene.
Sin embargo, me sorprendió algo en las afueras de Málaga: un edificio de pisos entre muchos edificios iguales. En uno de los balcones, rodeado de más balcones con banderas españolas colgando, una bandera republicana desafiaba al paisaje globalizado y uniforme. Bajo el trampantojo de la España unida y victoriosa, se esconde otra verdad.
La verdad es un arma poderosa. Terminada la final del mundial, el portero Iker Casillas besaba a su novia Sara Carbonero mientras ésta le entrevistaba, en un gesto espontáneo e irrefrenable. Fue un momento de verdad. Un momento de belleza, como la que contiene una obra de arte. Verdad abriéndose paso ante el torrente de espectáculo banal y simulacro zafio que es esa realidad pintada, pervertida en los medios de comunicación.
Tres mujeres que compartieron conmigo ese momento en el salón de casa se sintieron ofendidas. Decían que el acto de Casillas comprometía la imagen de su novia como periodista seria, y eso comprometía la imagen de cualquier profesional mujer. Pero, ¿por qué una mujer periodista deportiva debe estar obligada a dar una imagen de seriedad, si ningún periodista deportivo hombre la da realmente?
La verdad, como decía Gramsci, es revolucionaria. Por eso transgrede la imagen que nos hacemos, o nos hacen, de la realidad y provoca la alteración de los estados de ánimo. Por eso hubo una discusión sobre la situación de la mujer en ese momento.
Bajo las banderas ondeando al viento se esconde la verdad: recortes sociales, reforma laboral, una resolución del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya que pone en evidencia que en la España constitucional no se puede ser español y catalán, o simplemente catalán dentro de España. O se es español o nada –o independentista, claro–.
El marco constitucional ha muerto para aquéllos que se habían hecho las ilusiones de una ‘España plural’ posible. “Es España y punto”. Y si se gana el mundial, el cielo se tiñe de rojo y amarillo y no hace falta plantearse nada más. Poco tiempo después pude ver en una revista varias fotos de Sara Carbonero en bikini, con un texto alabando su figura. ¡Eso sí es periodismo serio...!
Las verdades están ahí para quien las quiere ver.
publicado en La Hiedra del mes de septiembre de 2010

05.“El Bulli” ha cerrado. ¿Dónde voy a comer yo ahora?

Así se llamaba un grupo de facebook para el que recibí una invitación un día, poco tiempo después de que Ferran Adrià anunciara el cierre por dos años de su famoso restaurante. Fue una de tantas invitaciones que se reciben y que a penas se miran por encima antes de ignorarlas. Sin embargo, la frase me llamó la atención por su aparente ironía. Aparente porque tal vez fuera un grupo de internautas millonarios, ricos y pequeño-burgueses adinerados, lamentándose por el cierre de uno de sus lugares de distracción, disfrute y dispendio. El dinero está para algo, ¿no?
Tal vez no era eso, y el nombre de ese grupo de facebook vendría a querer decir, a través, ahora sí, de una obvia ironía, qué carajo nos importa a nosotros que “El Bulli” cierre, y por qué, si andamos siempre buscando el menú más barato, por qué, digo, nos topamos con Ferran Adrià hasta en la sopa (léase, telediario).
Ferran Adrià se ha convertido en una figura popular, de las que sirven para elevar el espíritu nacional, un Fernando Alonso de los fogones, por así decirlo. Es lo que tiene ser el mejor del mundo. No importa que sus platos deconstruidos y sus caldos de agua de mar solo puedan degustarlos minorías adineradas. Todos debemos enorgullecernos del español universal aclamado en el mundo entero. Algo tendrá que ver que sea español, ¿no?
Eso de ser universal es muy de la era de la globalización. Como facebook. Decía un amigo cineasta hace poco, hablando del sentido de su última película, que no le gustaba esta época en la que, gracias a las herramientas que internet ha puesto a nuestro alcance, puedes comunicarte virtualmente con gente al otro lado del planeta, mientras sigues cruzándote con tus vecinos sin soltar más que un escueto buenos días.
Yo, que queréis que os diga, la fideuá de mi madre sigue siendo y seguirá siendo el placer culinario más grande del mundo, y ella mi gloria nacional de los fogones particular. ¿Qué decir de esos falafels de la calle Escudillers de Barcelona, en el Barri Gòtic de mi primera juventud? ¿”El Buen Bocado” se llamaba el local? No lo recuerdo bien, pero fueron los primeros antes de proliferar por toda Barcelona, y su recuerdo es imperecedero. ¿Que a algún geniecillo le apetece deconstruir falafels? allá él con su conciencia. Tal vez deconstruir, algo muy del arte posmoderno, no sea otra cosa que destruir con modales.
Un día leí en un periódico que a uno de los magrebís que servían falafels en “El Buen Bocado”, había dos, murió a consecuencia de una puñalada, en una reyerta en el mismo local. “El Buen Bocado” era pequeño, comías casi en la calle, de pié, y muchas veces había observado a algún raterillo intentando meter la mano en los bolsos de quienes dudaban demasiado entre picante y sin picante. No había mucha más opción en la carta. Esa puñalada, cosas del barrio, sí me partió el corazón. Lo partió en dos, el presente insaciable y el pasado que se desvanece a nuestras espaldas.
Comprenderéis que lo de “El Bulli” me dejara más bien frío. ¿Por qué cerró? me pregunto sin embargo.
Adriá insistió mucho en que cerraba el restaurante pero abría una fundación, para seguir investigando y emprender nuevos caminos creativos. ¿Refundar El Bulli?
En todo caso seguirá siendo para ricos, como ese capitalismo que algunos quisieron refundar hasta que el FMI llamó a sus puertas y les puso en evidencia. Por eso ahora, en palabras de Sebastián Piñera, presidente de Chile, en la VIª Cumbre UE-América Latina celebrada en Madrid en el marco de la presidencia española de la UE, los estados europeos se han puesto a régimen. ¿Régimen de acelgas y pan duro mientras Adriá inventa nuevos manjares? Ni de broma. Cada uno intenta salir de su propia crisis al estilo sálvese quien pueda. Algunos, como el cocinero universal, nos restriegan su creatividad e iniciativa personal a los demás, en esa nefasta campaña del estosololoarreglamosentretodos, sin poder evitar que a las pocas semanas un cocinero danés le arrebatara su primer puesto en el ranking mundial de cocineros. Un pequeño contratiempo. Nada que no se solucione con un buen ajuste de plantilla y una bajada de sueldos. Como la crisis misma, porque a régimen, claro, los demás. ¿O a caso comieron acelgas y pan duro los jefes de estado en la citada VI Cumbre UE-América Latina? Lo dudo mucho.
publicado en La Hiedra del mes de junio/julio de 2010

04.Porqué me gustan los toros

“El toro es el animal más hermoso del mundo”, lo decía José Miguel Arroyo, Joselito, torero y ganadero madrileño, en su comparecencia ante parlamentarios catalanes a raíz de la Iniciativa Legislativa Popular que pretende erradicar por ley las corridas de toros en Catalunya. Y el toro, sin duda, el toro de lidia, es un animal hermoso. Yo prefiero el lobo. Visto de cerca, en el zoológico de Barcelona -ese “Guantánamo” para animales que sin embargo realiza una gran labor en la preservación de especies de la extinción, aun a costa de su libertad-, el lobo parece revelar fuertes contradicciones en la naturaleza. La ferocidad en sus colmillos y en sus ojos dejan entrever a veces cierta ternura, una mirada limpia y amistosa. En el lobo parece habitar la bestia y el animal de compañía, el errante solitario y autosuficiente, y el que necesita de la manada para sobrevivir.
Los zoológicos me resultan, a pesar de todo, deprimentes. He podido ver de cerca al lobo cautivo. Saberlo libre me llena de mayor satisfacción, de un sentimiento más profundo. Es tal vez la diferencia entre espectáculo y sabiduría, entre estética y ética.
Por eso me gustan los toros, pero no me gustan los toreros. No es que conozca a ninguno personalmente, ni tampoco entiendo ni sé nada sobre el tipo de individuos que devienen toreros. ¿De dónde salen? ¿Por qué se sienten atraídos por semejante actividad profesional? Inevitablemente no puedo más que relacionarlos con los programas y revistas del corazón, un espectáculo de bajo perfil cultural y ético, por decirlo de alguna manera, por donde circulan personajillos de dudosa calaña, entre descendientes de dictadores y vividores de todo tipo, apareándose entre sí, sin oficio pero con mucho beneficio gracias precisamente a convertir en espectáculo sus bajezas íntimas. De hecho, es lo más parecido a un documental de animales que se puede ver en televisión. Curiosamente, te encuentras personajes que aparecen en estos programas por ser famoso, que son famosos por aparecer en estos programas. Curiosa paradoja. Tomemos el caso de un famoso torero y su mujer. Pasados unos años, ella es la famosa y él su ex marido.
Mi problema con los toreros sin embargo, es que viven atrapados en una contradicción, pero no como la contradicción que habita en el lobo que es la contradicción que habita la naturaleza misma. La del torero es un tanto mas vulgar, y pone en evidencia la persistencia de valores arcaicos que deberían erradicarse de una sociedad moderna e ilustrada, o que pretende serlo. ¿Cómo se puede amar un animal, el más hermoso del mundo, y vivir de torturarlo y exterminarlo ante una multitud que encuentra placer en semejante acto?
Un día, un amigo que había asistido a una corrida de toros y que las defiende, me dijo que había sido “una experiencia estética”. Me quedé muy sorprendido. ¿Por qué lo dijo? Seguramente para justificar que se pueda considerar el toreo como un arte. Pero os imagináis un diálogo como este: “¿Que tal la película de ayer?”. “Fue una experiencia estética”. Absurdo, ¿verdad? Los defensores de las corridas de toros intentan reafirmarse y redefinirse, ante una sociedad y una ciudadanía cuyos valores se alejan cada vez más de los valores en que se fundamenta el espectáculo del toreo. Pero les falta, como dijo el filósofo José María Terricabras ante los mismos parlamentarios catalanes a quienes se dirigió Joselito, “un argumento ético fundamental. Hacer sufrir al toro por placer es totalmente reprobable”. ¿Qué importa que el placer sea estético y de esa forma alcance la categoría de arte? ¿A caso no nos tranquiliza, cuando vamos al cine, leer en los títulos de crédito el consabido texto “ningún animal ha sufrido maltratos en la realización de esta película”?
Cierto, torturar un animal es un comportamiento reprobable, falto de la ética más elemental, y no importa el contexto, el fin ni, en cierto modo las consecuencias. El toro sufre, sí, y este sufrimiento es importante, pero disfrutar de este sufrimiento rebaja nuestra humanidad. O mejor dicho, la devuelve a otros tiempos, tiempos regidos por otros valores: la pasión como sentimiento vinculado al dolor y a la muerte, la utilización de este sentimiento en la construcción de una identidad colectiva a través de una catarsis, la muerte como clímax, también un cierto concepto del honor, ligado a la sangre y a la violencia, y una visión del hombre y la virilidad que se refleja en la fuerza y la valentía. Estos valores, como arguye Esperanza Aguirre refiriéndose a los toros, perviven desde tiempo inmemorial. O sea, un tiempo del que no se tiene memoria. Un tiempo sin memoria. Visto lo visto, podría tratarse del siglo pasado, especialmente de los 40 años de franquismo. Un tiempo sin memoria en este país, por el esfuerzo de los sectores ideológicos y políticos que representa Aguirre. No es a eso a lo que se refiere la presidenta. Bien es cierto que cuando llegaron los primeros Brigadistas Internacionales en el 36, muchos de ellos con experiencia en el ejército e incluso en la guerra moderna, se encontraron con milicianos que se negaban a cavar trincheras porque, decían, un español no se esconde, un español lucha a pecho descubierto. Puede ser que estos valores arcaicos, que históricamente no son necesariamente ni de derechas ni de izquierdas, hayan sobrevivido en el Estado español más que en otros lugares. Ya va siendo hora de empezar a erradicarlos del todo.
publicado en La Hiedra del mes de mayo de 2010

10.¿La última palabra?

En una tira cómica de prensa diaria, cuatro viñetas: la primera muestra un joven griego sujetando una pancarta en griego enfrentándose a un ...