Uno se levanta por la mañana, un lunes que de entrada parece uno cualquiera. Cualquiera de los últimos lunes de estas semanas de estos 10 meses en paro. Se acabó ya el subsidio y en mi cabeza ronda la intención de iniciar los trámites para solicitar los famosos 420 euros de ZP. Claro, entre pañal y pañal tal vez mande unos cuantos currículos más. Mi hijo de ocho meses vive ajeno a la situación de su padre, y aún la disfruta, pues he podido dedicarme a él intensamente. Él me ha ayudado sin saberlo, a superar la angustia y el deterioro en la autoestima que podría haber provocado esta larga inactividad, debida principalmente a la propia inestabilidad del sector en el que trabajo y al mal momento en el que este se encuentra inmerso. Momentos de cambios, de nuevas leyes, pero también de crisis, de menos y peor para todos.
Me pareció, decía, que este sería un lunes como cualquiera. Me equivocaba. En la marquesina de la parada de los autobuses al lado de casa, un cartel con estas palabras: ESTOSOLOLOARREGLAMOSENTRETODOS.ORG
La austeridad de la composición, el contraste entre el negro y el blanco, llaman mucho la atención, como una obviedad luminosa. El tono de la frase es directo, coloquial y a también correcto, y hace referencia a una realidad personal que a la vez es colectiva, o al revés si se prefiere. Es una referencia velada a la crisis, que por ser tan grave y generalizada, basta con el uso de dos palabras, “esto” y “arreglamos”, para que lo entendamos todos.
Poco rato después encuentro la misma imagen en el periódico. Por la noche, disfrutando de unos momentos de tranquilidad una vez dormido el bebé, veo por fin el anuncio publicitario de la campaña, porque ahora sí, ya puedo decir que se trata de una campaña. ¿Pero campaña de qué? ¿De quién? Lo único que saco en claro del anuncio son dos cosas: que la crisis no existe como tal, que se trata solo de un estado de ánimo, y que para superar tal estado, solo hace falta creatividad e iniciativa personal. “A qué no hay huevos de salir de la crisis” nos espeta el Follonero en uno de los anuncios. Porque no hay un solo anuncio, no, hay varios.
Sin duda, este no ha sido un lunes cualquiera. Los publicistas son gente curiosa. De entrada, se llaman a sí mismos “creativos”. Soy “creativo”. ¿Qué significa esto? Decían unos cómicos argentinos, es como si vengo y digo, soy genial, o, hola, soy listo. ¿Qué profesión es esta? Pues una que se toman muy en serio, porque antes de vendernos la moto a nosotros se la han tenido que vender a sus jefes, y a los clientes de sus jefes, y a los jefes de los clientes de sus jefes, que cuando uno es “creativo” anda todo el día metido en reuniones y más reuniones donde se utilizan palabrejas como target, briefing o brainstorming, y donde el que hace uso del término creativo como sustantivo y no como adjetivo, debe justificarse a sí mismo continuamente. Es decir, soy creativo (sustantivo), porque hago cosas creativas (adjetivo).
Para vender tanto y a tanta gente hay que creer mucho en el producto que vendes, o saber fingirlo. Generalmente, los creativos creen mucho en ellos mismos y fingen mucho para lo demás. Ese es el mundo en el que viven, un mundo que les obliga a hacer anuncios sexistas porque es lo que demanda el mercado, un mundo que les obliga a utilizar niños como reclamo porque es lo que demanda el mercado, un mundo en el que hay que hacer cualquier cosa con tal de vender lo que sea porque es lo que demanda el mercado. En ese mundo, la creatividad y la actitud, que no olvidemos, son dos de las principales supuestas virtudes de los creativos, pueden transformar la coyuntura económica y social de un país. Porque es lo que demanda el mercado.
Y de paso, a la angustia y a la baja autoestima le sumamos el sentimiento de culpa: ESTOLOHAESTROPEADOLAMALAACTITUDDETODOS, parece que nos dicen. En este momento no sé si echarme a llorar o agradecer que alguien me haya abierto los ojos. Ahora ya sé que si soy más creativo solucionaré mis problemas laborales. Por si a caso, navego un poco por la red para saber quién hay detrás del tema. Me encuentro los nombres de Jaime de Andrés, responsable de publicidad corporativa de Telefónica, Javier Gómez Navarro, ex-ministro de Comercio y actual presidente del Consejo superior de Cámaras. La campaña ha costado 4 millones de euros, abonados por las Cámaras de Comercio, por SEOPAN, la patronal de las Constructoras, y un buen puñado de grandes empresas españolas, que son las que ya conocemos de sobras. Ahora lo entiendo todo, y las ideas que me asaltan tienen que ver con martillos y marquesinas rotas, así que mejor lo dejo correr: no es una actitud muy creativa.
publicado en La Hiedra del mes de abril de 2010
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