miércoles, 13 de abril de 2011

05.“El Bulli” ha cerrado. ¿Dónde voy a comer yo ahora?

Así se llamaba un grupo de facebook para el que recibí una invitación un día, poco tiempo después de que Ferran Adrià anunciara el cierre por dos años de su famoso restaurante. Fue una de tantas invitaciones que se reciben y que a penas se miran por encima antes de ignorarlas. Sin embargo, la frase me llamó la atención por su aparente ironía. Aparente porque tal vez fuera un grupo de internautas millonarios, ricos y pequeño-burgueses adinerados, lamentándose por el cierre de uno de sus lugares de distracción, disfrute y dispendio. El dinero está para algo, ¿no?
Tal vez no era eso, y el nombre de ese grupo de facebook vendría a querer decir, a través, ahora sí, de una obvia ironía, qué carajo nos importa a nosotros que “El Bulli” cierre, y por qué, si andamos siempre buscando el menú más barato, por qué, digo, nos topamos con Ferran Adrià hasta en la sopa (léase, telediario).
Ferran Adrià se ha convertido en una figura popular, de las que sirven para elevar el espíritu nacional, un Fernando Alonso de los fogones, por así decirlo. Es lo que tiene ser el mejor del mundo. No importa que sus platos deconstruidos y sus caldos de agua de mar solo puedan degustarlos minorías adineradas. Todos debemos enorgullecernos del español universal aclamado en el mundo entero. Algo tendrá que ver que sea español, ¿no?
Eso de ser universal es muy de la era de la globalización. Como facebook. Decía un amigo cineasta hace poco, hablando del sentido de su última película, que no le gustaba esta época en la que, gracias a las herramientas que internet ha puesto a nuestro alcance, puedes comunicarte virtualmente con gente al otro lado del planeta, mientras sigues cruzándote con tus vecinos sin soltar más que un escueto buenos días.
Yo, que queréis que os diga, la fideuá de mi madre sigue siendo y seguirá siendo el placer culinario más grande del mundo, y ella mi gloria nacional de los fogones particular. ¿Qué decir de esos falafels de la calle Escudillers de Barcelona, en el Barri Gòtic de mi primera juventud? ¿”El Buen Bocado” se llamaba el local? No lo recuerdo bien, pero fueron los primeros antes de proliferar por toda Barcelona, y su recuerdo es imperecedero. ¿Que a algún geniecillo le apetece deconstruir falafels? allá él con su conciencia. Tal vez deconstruir, algo muy del arte posmoderno, no sea otra cosa que destruir con modales.
Un día leí en un periódico que a uno de los magrebís que servían falafels en “El Buen Bocado”, había dos, murió a consecuencia de una puñalada, en una reyerta en el mismo local. “El Buen Bocado” era pequeño, comías casi en la calle, de pié, y muchas veces había observado a algún raterillo intentando meter la mano en los bolsos de quienes dudaban demasiado entre picante y sin picante. No había mucha más opción en la carta. Esa puñalada, cosas del barrio, sí me partió el corazón. Lo partió en dos, el presente insaciable y el pasado que se desvanece a nuestras espaldas.
Comprenderéis que lo de “El Bulli” me dejara más bien frío. ¿Por qué cerró? me pregunto sin embargo.
Adriá insistió mucho en que cerraba el restaurante pero abría una fundación, para seguir investigando y emprender nuevos caminos creativos. ¿Refundar El Bulli?
En todo caso seguirá siendo para ricos, como ese capitalismo que algunos quisieron refundar hasta que el FMI llamó a sus puertas y les puso en evidencia. Por eso ahora, en palabras de Sebastián Piñera, presidente de Chile, en la VIª Cumbre UE-América Latina celebrada en Madrid en el marco de la presidencia española de la UE, los estados europeos se han puesto a régimen. ¿Régimen de acelgas y pan duro mientras Adriá inventa nuevos manjares? Ni de broma. Cada uno intenta salir de su propia crisis al estilo sálvese quien pueda. Algunos, como el cocinero universal, nos restriegan su creatividad e iniciativa personal a los demás, en esa nefasta campaña del estosololoarreglamosentretodos, sin poder evitar que a las pocas semanas un cocinero danés le arrebatara su primer puesto en el ranking mundial de cocineros. Un pequeño contratiempo. Nada que no se solucione con un buen ajuste de plantilla y una bajada de sueldos. Como la crisis misma, porque a régimen, claro, los demás. ¿O a caso comieron acelgas y pan duro los jefes de estado en la citada VI Cumbre UE-América Latina? Lo dudo mucho.
publicado en La Hiedra del mes de junio/julio de 2010

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